Vancouver. En la variedad está el gusto

Teníamos que devolver el coche alquilado a las 12 del mediodía en Calgary, con el depósito vacio a ser posible. No sé si os ha sucedido en alguna ocasión, la inmensidad de carreteras, autopistas, direcciones posibles, tráfico en hora punta, conducción y señales ligeramente diferentes que las propias aprendidas en tu ciudad natal, hacen que tengas cierto nudo en el estomago cuando tienes una cita a una hora determinada, en una constante sensación de posible perdida.

A veces creo que tenemos una estrella que nos guía en nuestros posibles errores, pues conseguimos llegar al aeropuerto, a la hora en punto y con el depósito a cero, cosa que creíamos del todo imposible.

Nuestro avión salía a las 10 de la noche, así que hicimos tiempo en el aeropuerto. Las esperas en los aeropuertos pueden ser suculentas, si consigues mantener la calma y no perder los nervios. Si consigues la paciencia deseada, sin darte cuenta observaras que el tiempo va avanzando hacia el momento esperado…la hora del despegue.

La hija menor de Dimpho nos esperaba en la zona de llegadas. Nos llevó hasta el lugar donde su padre estaba aparcado… ¡¡¡que gozada cuando tienes alguien que te acoge tras un día tan largo!!!.

Buenas noches Vancouver.

Desayuno en familia 

Una de las incongruencias que suceden al viajar, es echar de menos tus raíces, tu hogar, tus amigos, esa morriña o nostalgia. En realidad lo que realmente haces es volver a valorar lo que tienes a tu alrededor y eres más consciente del entorno que te envuelve, de tu vida social, de tu familia, tu trabajo…etc

Es asombroso observarte desde otro punto de vista, y es entonces, cuando los momentos que vivimos con otras familias nos pueden transportar a situaciones vividas con intensidad en tu propio hogar.

Dimpho se levantó enérgico, “I´m going to cook a vegetable omelette guys“ (os voy a hacer una tortilla vegetal chicos), pim pam pum, sus manos fueron preparando todo lo necesario. Los cajones y armarios se iban abriendo y cerrando. Unas tostaditas, mantequilla y canela para los niños. Bate los huevos, va pasando los vegetales, pero al darle la vuelta a las tortillas no conseguía crear una masa uniforme. Más bien el huevo iba tomando un color marronaceo, y la tortilla a medida que le daba vuelta, iba perdiendo forma pareciéndose más a unos “scramble eggs” (huevos revueltos). Reímos, nos confesó que era su primera tortilla y que probablemente había descuidado el “glue” (pegamento), lo que para él era el queso, el secreto de realizar una tortilla con todo su esplendor, sabor y forma.

Dimpho llegó a Vancouver  hace 20 años, desde una pequeña población de Lesotho, su país de origen. Tiene dos niñas de 13 y 18 años. Su piso tiene una ligera semejanza al nuestro, en cuanto a que puedes observar que África y su ritmo, forman parte de su vida. Hemos tenido la suerte de ser sus primeros “couchsurfers”, y estamos encantados.

Noa no cesa de reírle y ser zalamera, le sigue ahí donde va, le trae ramos de flores que encuentra en el camino, imita sus gestos, sus movimientos, le hace las cien mil monerías irresistibles, así que Dimpho suele llamarle “my girlfriend”.  Ishi se siente a gusto haciendo de hermano mayor, ahora bien, intenta acaparar también su atención y a la que puede le propone un partidito de “soccer” (futbol).

Stanley Park: Puedes llegar a perderte entre su diversa vegetación

Paseamos dos días por Stanley Park. Disfrutamos tanto el primer día, que nos quedamos con ganas de repetir. Esta extensión de tierra, plenamente vivida por los vancouvertias, es lugar de ocio y recreo. Está constituido, principalmente, por un bosque de coníferas de cerca de medio millón de árboles. Cuenta con más de 200 km de caminos y senderos, y dos lagos donde los nenúfares crecen a sus anchas, embelleciendo la zona: el lago Beaver y la laguna Lost Lagoon.

Es un sitio precioso en el que poderte perder y disfrutar en cada una de las actividades posibles, o simplemente dejarte llevar, internándote entre sus senderos y disfrutar del paisaje que te envuelve.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de visitarlo, os recomendamos dar un paseo en bicicleta.

           

Fue divertido rodear el parque. Alquilamos tres bicicletas, una de las cuales llevaba un anclaje que sujetaba la segunda bici, donde Noa iba sentada. No es tan fácil de llevar si no estás acostumbrado, pues a pesar de que las dos pedaleamos, Noa a veces desestabilizaba en su excitación por enseñarme novedades que veía en el camino. La bicicleta es muy larga y el giro que puedes dar tiene que ser con menor ángulo del que normalmente estás acostumbrado, pero tras cinco minutos de rodaje,  los cuatro fuimos a buen ritmo recorriendo el parque y sus alrededores. Ishi pedaleaba como un loco. Si lo tuviese que escenificar, me recordaba a los dibujos en los que cuando quieren expresar velocidad, en vez de pies ves un gran remolino.

-“Aita has visto que rápido voy, que os adelanto, es guachi, todos a la derecha, ring ring, ring..”

Mientras, podías escuchar la vocecita de Noa, con su melena al viento, detrás de mí. Iba feliz  cantando a todo pulmón.

– “Juuujuuuu, jabadabaduuuuuu….”

Tocando “drums”: El sonido  que llega a lo más profundo de tu alma

Tras un día en la playa, Dimpho nos invitó a un encuentro en un parque conocido como “Spanish Banks”. Su grupo se reúne dos veces por semana para tocar conjuntamente los “drums”. A las seis de la tarde solo había tres personas con sus tambores, pero poco a poco fueron llegando de todas partes. No solo tambores, maracas, caracolas, trompetas, campanas,..etc, diferentes instrumentos formando una percusión rítmica que conseguía llegar a lo más profundo de tu ser.

El ambiente no solo era bello en sí mismo, los tambores africanos, llenos de sonidos, parecían imitar el habla y los patrones del habla, armonizando entre los instrumentos que seguían el compás de los diferentes ritmos creados.

Estimulando ambos hemisferios derecho e izquierdo, la mente se perdía, absorbiendo el compás, los sonidos. La música te invadía y el movimiento surgía haciendo que tu cuerpo bailase dejándose llevar por los demás. Un círculo de tambores e instrumentos, un centro donde corazones desbocados bailaban, dejando preocupaciones a un lado y sintiendo bajo sus pies descalzos la suavidad de la hierba. Un ambiente cálido, lleno de sonrisas donde el círculo mágico se nutria de pura energía, algo cercano a la meditación.

La familia al completo disfrutó de ese bello atardecer entre Vancouveritas. Una noche donde una preciosa luna llena asomo inmensa. Donde sentimos que, los tambores, además de ser un objeto bello en sí mismo, es un instrumento lleno de sonidos, generoso en muchos aspectos, creador de redes humanas y digno de ser explorado.

Grand Ville Island: En busca de un libro y rescatando un frisbee

El “sky train”, cuyo nombre viene por recorrer Vancouver sobre una plataforma elevada, en el cual, una vez dentro del vagón tienes una visión desde una perspectiva más alta, pareciendo que viajes volando sobre la ciudad. Descendimos en una de las paradas del Down Town.

Es grato pasear por el barrio, en ese alegre ajetreo peatonal. Los comercios y tiendas se van sucediendo entre bares y restaurantes. Nos percatamos que jugaba el Barça-Madrid. Nos quedamos con ganas de saber el resultado, los goles se iban sucediendo escuchando el “goool” sonido que suena muy parecido independientemente del lugar de origen. No supimos del resultado hasta llegar a casa.

Buscábamos una librería, pues queríamos regalar a Dimpho el libro “La semana laboral de cuatro horas” de Tim Ferriss, cuya lectura inspiró a Ángel a plantearse si realmente estábamos siguiendo nuestros sueños o simplemente hacíamos lo que toca, según las hipotéticas normas sociales.

En fin, en una de las noches en las que conversábamos con Dimpho, salieron entre otros temas, las ganas que tenia de jubilarse antes de lo estipulado y las ganas de dejarse llevar por lo que realmente quería hacer. Por ello pensamos que el libro era muy adecuado para dar un poco más de vidilla a su batalla interior.

Se acercaba la hora de comer. Uno de los barecitos con pinta de taberna Irlandesa nos estimulo lo suficiente para adentrarnos y poder disfrutar de un menú, muy bien de precio, para los estándares canadienses. Me rio de los estándares canadienses!!!. Que barbaridad!!! Que país tan caro!!!. Recuerdo unas imagines musicales de windsurfistas en su primera clase. Me daban ganas de coger la tabla y esperar la ola. Entre música, movimiento de hombros siguiendo el son  y un ambiente entretenido, saboreamos unos aros de cebolla, una ensalada caesar y una suculenta hamburguesa con patatas, todo acompañado por cerveza de barril para los adultos y agua con mucho hielo para los críos. Voy como loca quitando el hielo, pues sino finalmente acabas con dolor de cabeza, ya que no paran de reponer el vaso una vez lo has vaciado.

Finalmente seguimos nuestro camino hasta llegar a Grand Ville Island, muy adecuado para ir con niños y disfrutar del resto de la tarde. Como padre estas perdido, entre otras muchas actividades, te das de bruces con una bella juguetería en la que hasta Papa Noel se encontraría  un tanto desconcertado. Caímos en la tentación, Ishi se encapricho con unos muñequitos de Lego Star Wars, Noa con una mamá y un niño de playmobil y Ángel hace días que iba detrás de un frisbee. ¿Habéis hecho volar uno alguna vez? Es mágico lo sencillo que parece  y la complejidad aerodinámica que conlleva. ¡¡¡Caray la distancia que recorría y como volaba!!! El espacio en el que jugábamos era una explanada de hierba enorme. No sé si el ser zurda, tiene algo que ver, pero os aseguro que Ishi y Ángel cogieron el truquito mucho antes que yo. Cuando yo lanzaba, mi trayectoria siempre seguía un ángulo un tanto más complicado del que Noa con cuatro años podía conseguir.

Me fui a un banco a leer y a los dos segundos Ishi vino corriendo, gritando, diciendo que el frisbee estaba colgado en lo más alto de la copa de un árbol. Irrecuperable.

– ¿Como que irrecuperable?, esto no puede ser, pero si lo acabamos de estrenar.

– Ya le he dicho que tan alto no…tan alto no

– Pero aita, yo no sabía que iría justo a ese árbol.

Caras desanimadas. Estudié la situación y decidí internarme entre el tronco y desaparecer entre sus ramas. Entre otras cosas, soy muy tozuda y me parecía deprimente perder el frisbee en su primer día. Seguí ascendiendo. Me iba llenando de un polvillo amarillo, las ramas se iban haciendo cada vez más pequeñas y el suelo había desaparecido desde mi perspectiva. Escuchaba mi familia alrededor del árbol y yo seguía sin ver el susodicho elemento volador.

– Caray! pero donde está?, no lo veo, podéis dirigirme. Qué demonios hago yo en la copa de un árbol?. Como para darme un trastazo de lo más absurdo y no contarla.

– Mami, casi lo tienes. Sube un poquito más.

– Un poquito más, pero por donde. Las ramas son cada vez más estrechas.

Creo que estuve una hora colgada del árbol, pues una vez rescatado el juguete, me quede un tanto estancada sin saber cómo bajar. Cuando llegué a tierra estaba de lo más sucia y rasguñada en brazos y piernas. Ángel me miraba con mirada picara. “Vaya pinta, como te has puesto”.

– Guau, mami eres estupenda, me he librado de una buena bronca, Bufff.

– No Ishi, podría haberle pasado a cualquiera.

Respondió Ángel cuyo ojo lagrimeaba sin cesar pues en mi ascensión le había caído una brizna dentro. Tras voltearle el parpado y verterle un poco de agua conseguimos que cediese la molesta sensación en su interior, y la cornea fue perdiendo ese enrojecimiento característico. Se estaba haciendo tarde. Recogimos y partimos hacia casa.

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Un poco de todo y todo de nada

Nos alegra saber que os gustan las pequeñas pinceladas que os mostramos sobre el viaje. Es una gozada cuando escribís comentarios. Nos agrada sentir que detrás de la pantalla o blog estáis vosotr@s, pues sino esto parecería un monologo, y se nos haría de lo más extraño.

La verdad es que con tanto movimiento vamos un poco de cabeza, pero poco a poco, todo va tomando mas forma. Durante el día, tras realizar una horita de “homescholing”, nos vamos a recorrer lugares varios o hacemos alguna actividad con las familias con las que convivimos. Hay días más ajetreados que otros.

De vez en cuando nos tomamos un día libre, conocido como “el de no hacer nada”. A los niños se les pone una sonrisa de oreja a oreja: juguetear por la casa, ir a dar un paseo corto, piscina, juegos de mesa, alguna peli.  Mientras Ishi y Noa juegan entre ellos, podemos ponernos al día en el blog.

Por otro lado, tenemos que seguir contactando con las familias con las que estaremos el resto del viaje, así como los contactos con las escuelas. Deciros que Ángel es un artista en organizar el viaje, su manera es mucho más organizada. A mi me costaría mucho más y no creo que me hubiese aventurado en esta vuelta al mundo sin formar este equipo. Cada uno compensa las deficiencias que tiene el otro.

Por las noches normalmente cuando los niños duermen, intento ponerme a escribir, cosa que me está siendo ligeramente complicada, pues como mi familia bien sabe, soy más ave diurna que nocturna. Y, por supuesto, Ángel realiza siempre los últimos retoques, fotos, los puntos y comas que se me escapan, los “slideshows” de Picasa, etc. Una vez revisado todo, lo cuelga en el blog. Así que de nuevo, sin formar equipo tendríamos muchas dificultades de llevar a cabo el blog. De todas formas, ya vamos cogiéndole el gustillo y nos alegra ver cómo se van sucediendo los acontecimientos. Como dice el refrán, “Sarna con gusto no pica”.

Las familias con niñ@s debéis estar preparándolo todo para la vuelta al cole, ¿no es así?. Tenemos ganas de que empecéis. Estamos convencidos de que tanto el colegio de los niños, y los compañeros de Ishi y Noa, serán un apoyo para poder seguir el curriculum escolar y que los críos estén motivados, viendo como sus amigos también están al pie del cañón.

Por el momento, Ishi es el que más se queja, dice que sus amig@s están de vacaciones, y de que su hermana hace cosas chupadas y más divertidas. Todo ello hace que a veces en nuestros intentos, acabamos con los pelos de punta, jejeje. Esta semana tenía que hacer una redacción. La verdad es que se están adaptando muy bien a todos los cambios que este viaje conlleva. Se esfuerzan mucho, tratando de comunicarse en otra lengua y estamos contentos con todo ello. Ahora bien, para los padres es tarea complicada llevar a cabo ambos papeles. Sobre todo cuando te ponen a prueba.

Mi vuelta al mundo:
Un día mis papas me dijeron que haríamos la vuelta al mundo.
Pero ¿eso es posible papis? Si.
Yo comencé a contarlo a mis amigos y no se lo creyeron, pero cuando me fui, si que se lo creyeron, y nos despedimos con un gran abrazo.
Y como han puesto una cámara de skype, podré contactar con ellos, qué bien!!!.
La vuelta al mundo para mí es conocer otras culturas, hacer amigos nuevos, cada vez mejoro más el inglés.
Todas las horas estamos con mis papás. Hacemos muchas actividades.
Nos lo estamos pasando muy bien, me gusta iniciar esta nueva aventura.
Ishi
 

Con Noa hicimos lo mismo, pues como es un monito de repetición, todo lo que hace Ishi lo quiere realizar ella. A continuación, me dijo que quería hacer una carta para sus amigos de “Les Estrelles””, me fue diciendo lo que quería redactar y surgió lo siguiente:

Carta a les estrelles:
Os echo de menos
Hola estoy en un sitio que se llama Canadá.
Soy Noa, os doy un amor de corazón.
Estoy en la vuelta al mundo.
Soy unos ojos verdes y marrón flojito.
Me gusta la Dora.
Calixte te haré fotos para la clase de los nenes de las estrellas.
Quiero jugar con vosotros y hacer barro.
Os quiero mucho.
Os llamaré ositos gorditos de ojos verdes.
Noa
 

Puesto que nuestra vuelta al mundo va ligada a un proyecto educativo, de vez en cuando tenemos la oportunidad de contactar con personas que pueden aportar un poquito más a la educación de nuestros hijos. Como de lo que se trata es de compartir y así, que mas niñ@s puedan disfrutarlo, pudimos grabar unos minutos donde una de las rangers (guardas del parque) del Parque Nacional de Jasper nos dio una lección sobre cornamenta y  los diferentes herbívoros que habitan en Jasper. Nos ha parecido interesante, así que os invitamos de nuevo a entrar en ese maravilloso parque, esta vez de la mano de Stephanie Lander.

Hasta pronto amig@s.

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Parques Nacionales de Banff y Jasper. Naturaleza salvaje en todo su esplendor

Los parques nacionales de Banff y Jasper concentran los enclaves más impresionantes de las Rocosas canadienses. Declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y uno de los destinos más espectaculares del planeta. Las rutas que puedes seguir son infinitas, conllevan una gran cadena de escenarios en los que disfrutar de sus lagos, ríos, cañones, bosques, glaciares…etc. Podríamos describirlos como una yuxtaposición entre inmensidad de la naturaleza y alegría de vivir con armonía. Rápidamente te ves arropada entre sus brazos, palpando una gran explosión de energía, un gran tesoro natural. Existe un inigualable azul de sus lagos entre montañas, pudiéndote sumergir en sus frescas aguas. Explorando paso a paso una gran calidad forestal, toda una aglutinación de belleza.

Banff National Park (http://www.pc.gc.ca/eng/pn-np/ab/banff/index.aspx

Jasper National Park (http://www.pc.gc.ca/pn-np/ab/jasper/index_e.asp )

Tanto Jasper como Banff son una inspiración. Te ves absorta de ese equilibrio natural. Sus paisajes parecen un recuerdo de cómo nuestras vidas pueden ser, y de cómo el dejarnos llevar de su energía, comprender su armonía o simplemente observar, nos puede hacer ser mejores personas.

La vida salvaje: Será un oso, un ciervo…no es una ardilla

La vida salvaje que habita en dichos parajes: pájaros de diversas especies, ardillas, lobos, alces, ciervos, osos… hacen que en cualquier momento puedas disfrutar de un grato o sorprendente encuentro. Tu imaginación y la densidad de la vegetación hacen que constantemente te creas rodeado y en compañía.

¿Mami pero aquí hay osos?, ¿Y lobos?, ¿Y algún bicho raro..?

Si claro cariño, pero no te preocupes, camina tranquila, disfruta del sendero, observa los colores y escucha todos los sonidos que la habitan.

Sus ojos abiertos de par en par, mirando hacia cualquier recoveco. Estando atenta a cada uno de las melodías que surgían tras el son de sus ligeras pisadas.

¡Tranquila Noa!, decía Ishi con un gran palo en la mano, si se acerca alguno, arggg

Lanzaba el brazo hacia atrás, hacia delante y simulaba luchar con un gran oso gris, zis zas, pum pam.

Noa no tenía claro el internarse en los bosques. Se acercaba a su “aita” (papa), alzando su carita y finalmente, de su mano, decidida se internaba entre la vegetación. Ishi en todo su esplendor se aventuraba imaginando ser un indio tras el rastro de un gran animal.

Me alegra crecer en familia, tener la suerte de disfrutar de este hermoso espectáculo y poder admirarlo juntos.

Asombrosos picnics: alimentándonos bajo un cielo azul y un bosque de lo más verde

Una de las actividades inevitables a realizar diariamente, es ir en busca del supermercado del lugar en que nos alojamos. Por un lado, observas diferencias sustanciales en los artículos que se venden. Te das cuenta de la gran relación que existe entre cultura y gastronomía. Por otro lado, en ciudades tan cosmopolitas como las que por el momento hemos visitado, siempre encuentras estanterías con una gran variedad de productos extranjeros. Variedad necesaria para un gran abanico de  estilos culinarios.

En caso de que estemos conviviendo con alguna familia, nos gusta cocinar con ellos. El ambiente que se crea en una cocina es asombrosamente estimulante, surgen todos los pros y contras que intervienen en cualquier relación. Sale retratado quien se deja llevar fácilmente, el que se adapta a cualquier contratiempo, el inquieto, la que  no puede cocinar, si no está todo en su lugar, el manazas, al cual parece que se le caiga todo más allá del suelo, el perfeccionista, el artista… en fin entre el ajetreo que provoca todo intento de cocinar y compartir un plato, los olores que se desprenden y el compartir una buena receta, el éxito de la actividad está asegurada.

En Banff y Jasper también fue necesario visitar el supermercado, pero en esta ocasión, al alojarnos en hoteles no tuvimos la oportunidad de cocinar, pero si de comprar para preparar infinidad de picnics necesarios para pasar el día de excursión en excursión, investigando y adentrándonos en las maravillosas posibilidades que ofrecían las montañas rocosas.

No sé si estaréis de acuerdo conmigo pero el ir de picnic te devuelve a tu más plena infancia, donde un pequeño snack te resulta el más sabroso de los manjares y donde el preparar un ligero sándwich, compartir unas cuantas frutas y sacar de uno de los bolsillos un paquete de galletas saladas, te parece la actividad más divertida dentro de un sinfín de alternativas posibles a llevar a cabo.

En busca de lavadoras: la ropa sucia se va acumulando

Os puedo asegurar que la naturaleza tiene una doble vertiente: es capaz de llevarle a uno, de sus puntos más álgidos en cuanto a sensación de paz se refiere, pero también conlleva el poder transportarte al peor de tus instintos, variables dependiendo de la persona.

Toda la familia vivimos esa semana entre naturaleza, un sinfín de altos y bajos estados anímicos. Explosiones emocionales de todo tipo, alegría, emoción, euforia, nostalgia, profundidad, amistad, amor….. Rabia, inquietud, inseguridad, desespero… enfados y alianzas iban batallando en un mismo día.

Mientras la ropa sucia se va acumulando, la maleta va perdiendo volumen, pues esta solo contiene ropa limpia y la bolsa donde almacenamos lo sucio, muy sucio o reutilizado ya dos veces, va tomando la consistencia suficiente para pensar en ir en busca de una lavadora.

Es curioso como las pequeñeces del día a día, como es el poner una lavadora, son las que a veces te devuelven a la realidad del momento y te sitúan de nuevo en tu lugar de origen.

¡Socorro! no queda ni una sola muda limpia, Noa se ha vertido la sopa encima, a Ishi no hay por donde cogerlo, cayó en el barrizal. Rebusco entre la bolsa de ropa sucia a ver si puedo reciclar algo, pero me huele todo a rayos. En estos momentos, te das cuenta de lo “señoritinga” que puedes ser a veces, o lo que tu crianza repercute en tu necesidad de higiene. Estas acostumbrado a ducharte a diario, a utilizar desodorante, perfume, cambiarte a diario de ropa, ese grato olor a jaboncito o a ropa limpia.

Ummmm! Qué agradable.

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Toronto: Una ciudad inmensa en la que perderse y disfrutar

Toronto es la capital de la provincia de Ontario, con una población de 2.503.281 habitantes.  Es la ciudad más grande de Canadá, además de ser el centro financiero de dicho país. Se ha desarrollado en un tiempo récord convirtiéndose en el Nueva York del norte.Es una ciudad inmensa, cosmopolita, cambiante, te puedes perder fácilmente en ella sin llegar nunca a conocerla del todo.

En Toronto estuvimos alojados en casa de Marin y sus dos hijas Makeda y Zenith, familia que tienen pensado viajar a Asia por un periodo de un año. Con ellas disfrutamos de actividades diversas. Nos invitaron al “Day Care Center” al que asisten en verano las niñas, en el cual Ishi y Noa pasaron una agradable mañana en compañía de otros niños. Pudimos asistir también a un festival musical de Samba del cual las niñas de Marin, forman parte denominado “Samba Kidz”.

Toronto Island:  Erase una vez un conjunto de islas…

Cerramos la puerta temprano. Marin, acompañó a sus hijas al “Day Care Center”. Nosotros nos fuimos en busca del medio de transporte que nos llevase al “Down Town” para poder visitar  Toronto Island Park, el centro de ocio y cultura de esta inmensa ciudad y el hogar de una pequeña comunidad de unas 250 viviendas.

De fácil acceso en ferry, el cual ofrece una vista espectacular sobre el horizonte de la ciudad. La isla es un parque gigante, con preciosos jardines, atracciones, un lugar fantástico al que poder saltar y olvidarte de esos grandes edificios que culminan la ciudad en un tono grisáceo. En mi opinión, uno de los inconvenientes de las grandes ciudades que han crecido tan rápido es esa modernidad, esos grandes edificios normalmente resaltados de tonos grises, donde como europea encuentro a faltar los viejos muros, los edificios históricos que le dan a toda ciudad una distinción de color.

En la isla, nos perdimos en sus playas, intentamos alquilar una extraña bicicleta para 4 de cuatro ruedas, pero la larga cola nos hizo sucumbir en nuestro intento y seguimos paseando. Finalmente, nos quedamos en una gran explanada donde familias de diversas culturas extendían sus manteles y preparaban sus picnics, de olores intensos y diversos, atendiendo al estilo culinario y lugar de origen.

Ishi y Noa están fascinados con las “Splash zones” (parques de agua). Al igual que en España, en los parques infantiles encuentras columpios o toboganes, pero además en estos parques existe una zona donde puedes refrescarte con chorros de agua diseñados con gran colorido, donde las fuentes van encendiéndose y apagándose con diferentes presiones. Los niños pueden pasarse horas jugando corriendo de un lado para otro entre mangueras, fuentes y aros que asemejan arcoiris.

Cerca del parque encontramos el “Centreville Amusement Park”, algo así como el parque de atracciones de la isla. Pasamos del picnic a campo abierto a una feria andante. No sé que tienen los parques de atracciones, pero el cambio de ambiente era perceptible en cada uno de nosotros, inquietos, como con cierta prisa, con un nerviosismo especial.  La entrada es gratuita y cobran por atracción. Acordamos con Ishi y Noa que eligiesen dos atracciones en las que montar, ositos que daban vueltas, abejas voladoras, lanchas de choque y un tronco de agua en la que conseguimos de Ishi una gran sonrisa. Precisamente en la zona del tronco de agua, un niño de unos 13 años lloraba desconsoladamente pues no conseguía atreverse a montar en la atracción. Era enternecedor ver la escena. Desde fuera observabas como sus lágrimas caían sin poder frenarlas, su cuerpo grande, abrazado a su madre, en una lucha contradictoria entre el querer y no poder, enfadado con sí mismo. Le guiñamos un ojo, no pasa nada, señalamos a Ángel y le dijimos que él era más grande y tampoco se tiraba y no era menos por ello. Pero sus labios seguían gimiendo con grandes pucheros. Nos despedimos del parque lanzando una monedita en el pozo de los deseos, “I wish, I wish…” (yo deseo, yo deseo…). La moneda iba trazando círculos cada vez más pequeños hasta que finalmente caía al pozo.

El sol iba descendiendo. Teníamos que tomar el ferry de regreso. Vaya cola!!!, parecíamos un gran rebaño de ovejas en su redil. Los pasajeros iban accediendo al ferry mientras uno de los tripulantes del barco iba contabilizando las personas que entraban. A 10 metros de nuestro turno, la cola se paró. Habían llegado al tope, así que esperamos al siguiente ferry. Nos encontrábamos entre cuatro hileras de personas, cada una intentando hacer que la espera no se hiciese muy larga de la mejor forma.

Finalmente llego nuestro ferry. Un viaje cortito en el que recrearte mientras regresas a Toronto. Anocheció. Noa se durmió acurrucada sobre Ishi, y Angel aprovechó la puesta de sol para sacar las últimas fotos del “skyline” de Toronto, con la CN-Tower al frente, como símbolo de  identidad de la ciudad.

Al descender, entre una gran multitud de personas, el capitán de barco anunció “hay demasiado ruido en mi barco, desciendan poco a poco”. Ángel y yo nos miramos asombrados, preguntándonos si habíamos entendido bien la voz, un tanto enfadada que surgía del altavoz del ferry. Casualmente, nos encontramos de nuevo con el niño de gran complexión, de 13 años, con una gran sonrisa. Me dió la mano diciéndome, “I did it” “I finally raised in the atraction, thank you” (lo hice, finalmente me subí a la atracción).

Black Creek Pioneer Village: Encuentro con una persona muy especial

Entre los dichos “El mundo es como un pañuelo” y “es tan difícil como encontrar una aguja en un pajar” nos quedamos con el primero. No pienso que sea tan difícil encontrar la aguja en el pajar, es cuestión de ponerte a buscarla y sumergirte en la paja. En cada viaje puedes encontrarte con algún conocido o bien puedes coincidir con alguien que te hace pensar en cuan maravilloso puede ser un ser humano.

Cogimos tres autobuses para llegar a Black Creek Pioneer Village.  Entrar en otro mundo, teniendo la oportunidad de experimentar la vida como solía ser en los inicios de Ontario, recreando un pueblo de 1860. Cada edificio simula uno antiguo y genuino, escenificados con interpretes vestidos de época, llevando el pueblo a la vida, que te hacen situar y poder conversar sobre su estilo de vida, sus trabajos, sus actividades de ocio, sus miedos, sus juegos infantiles.

 http://www.blackcreek.ca/

En uno de los edificios, tras un mostrador nos esperaba ese personaje maravilloso que nos hizo tan especial el día. Nacido en Londres, gran conversador, un ser de aquellos que te hace pensar “yo quiero ser como el de mayor”. Un anciano asombroso y conquistador, que mostraba como transformar un trozo de latón en un tesoro.

Pero como una imagen vale más que mil palabras, os queremos también hacer disfrutar de su encanto, disfrutad de unos minutos a su lado… ¿Podéis escuchar  el sonido de esa gran dulzura….?

Downtown, Old Toronto Town, Chinatown, University of Toronto

Nos faltaba recorrer zonas del Downtown en su inmensidad, Visitamos la Universidad de Toronto que junto con sus estudiantes da gran vida a la ciudad. De todas formas, con niños parece que las salidas se complican en cuanto nos alejamos de los parques. Al fin y al cabo, es natural, ellos quieren dar libertad a sus piernas, escalar, corretear, jugar y reírse de cualquier novedad, y por muy grande que sea la calzada, el tráfico te impide ese caminar alocado que todo niño lleva dentro. Así que, como padres estamos renunciando a visitar determinadas zonas, no porque no consigamos llevarles, simplemente porque cuando vamos no funciona el pack. Noa empieza con el “Mami, aita, estoy cansada llevadme en brazos”. Ishi se impacienta en llegar a no sé donde. A mí se me van los ojos en el callejeo y la vorágine humana, y Angel finalmente pone orden y decide que ya es hora de comer,  y de visitar un restaurante en pleno Chinatown.

No sé el porqué, es como un iman, pero siempre terminamos callejeando en las diversas chinatowns de cada ciudad. El barrio está lleno de acupunturistas, reflexologos, estrañas peluquerías. Te dan ganas de entrar y dejarte masajear y poder experimentar que sensación causa un sinfín de agujas que penetran en tu piel, o esas presiones ligeras sobre tu pie…. Pasamos de largo entre tiendecitas y supermercados con productos especiales, caracteres chinos en esa elegante caligrafía que te traslada a oriente. Al mismo tiempo una energía magnética, un ajetreo, un constante hacer.

En sus restaurantes comes de lo más variado. La comida no tiene nada que ver con la que te sirven en los restaurantes chinos en España, y la variedad es mucho más amplia y sabrosa. Normalmente las mesas son multi-familia, es decir, compartes mesa con otras familias. Es espectacular ver como al finalizar, los platos son recogidos con todo el mantel, quedando la mesa preparada para el siguiente comensal. El ambiente es grato si consigues abstraerte de otras conversaciones a tu alrededor, ya que le barullo puede llegar ser ensordecedor.

Antes de irnos compramos varios productos, para nosotros novedosos, en una de sus tiendas, y como recompensa a ese largo recorrido, nos paramos en el “Village Idiot Pub (VIP)” (Pub del pueblo de los idiotas) con una nota de humor, disfrutando de una cerveza bien fresca, mientras Noa e Ishi disfrutaban de un helado de esos que hacen historia.

Fiesta eritrea en el Earlscourt Park: Alegría entre su gente

Tras un día en el High Park de Toronto, de regreso escuchamos una música a lo lejos.

La curiosidad nos atrajo hacia un parque donde se intensificaba el sonido musical. Cuando llegamos estaban en pleno partido de futbol, donde ondeaban banderas de Canadá y de un país que inicialmente no identificamos. Finalmente tras escuchar el idioma en el que hablaban y la fisonomía de sus caras, Ángel se decantó por pensar que eran eritreos y asombrosamente bingo!!! así era.

Eritrea está ubicada en el cuerno de África al norte de Etiopia. Tras una guerra cruenta con Etiopia, se independizó en 1993, lo que lo convierte en uno de los estados más jóvenes del mundo.

Acabado el partido empezó la fiesta, intentamos difuminarnos entre su gente, a pesar que fue arduo complicado, pues éramos la nota de color, en este caso blanco, entre una muchedumbre de piel oscura, quecelebraba el día de la liberación del pueblo eritreo. El ambiente era muy agradable. Ishi se integro entre un grupo de niños que jugaban a futbol. Noa realizaba trazos de letras entre la arena y pronto otros niños la siguieron entre sonrisas. Mientras, nosotros nos tumbamos en el césped observando trazos de nuestra amada África.

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Île d’Orleans: De colores vivos y olores variados

La tía de Julie, Violette, es una artista que vive desde hace 40 años en la isla de Orleans. Sus manos creativas dan vida y colorido al papel. Me encanta el cuarto donde realiza su obra. Como buena “quebequa”, su idioma materno es el francés pero se esforzaba con su inglés. Fue curioso ver como también utilizaba de vez en cuando, palabras en castellano, sacadas de un trocito de papel colgado en la nevera con frases compuestas para pequeñas conversaciones, que le servían de guía. Nos quedamos con  ganas de profundizar en nuestras conversaciones. No obstante, las interpretaciones del posible mensaje, a veces daban lugar a frases de lo más sorprendentes que daban rienda suelta a una gran carcajada.

Si os describo la isla podréis haceros una idea de cómo son sus habitantes y podréis tastar un sorbito de Orleans, o bien un suave olor de Violette. ¿Cómo describiros la isla? ……

De paisajes emotivos, música de sabores, espectaculares mansiones patrimoniales, sus prácticas agrícolas y artesanales, su amor por el curso del agua, un paseo de silencio, un equilibrio vital entre cultura y naturaleza cálidamente respetada. Realmente un lugar especial donde puedes recrearte y dar rienda suelta a tu fantasía.

Una hoguera en la Playa

Tras compartir la cena, Violette nos invitó a realizar una hoguera en la playa. Su casa está próxima a la orilla del mar. Conducimos una carretilla con el material necesario: manta, papel de periódico, madera de diferentes tamaños, encendedor, una caja con cerillas larguísimas, y por supuesto, “Marshmallows” con varios palos, esta vez de bambú.

Danzamos alrededor del fuego. Violette sabía una canción India de lo más variopinta. Los críos miraban con ojos asombrados a esa mujer de pequeña estatura, con ojos vivos dando vueltas a la hoguera. Rápidamente se sumaron a la fiesta.

Las llamas dieron lugar a unas brasas rojas,  a las que Ishi y Ángel gustaban de mover para dar salida a chispas de fuerte color. Noa se recreaba con la arena de la playa, encontrando un cristal, a través del cual miraba el fuego embelesada. Por la noche se fue a la cama, con el cristal en su mano, cerrando sus ojos  y diciendo casi dormida, “has visto mami que tesoro”.

Escrito de la isla por Violette:

Que mejor descripción de un lugar, que el escrito de un lugareño, quien desde hace años vive entre su gente y disfruta del lugar. Le pedimos a Violette, si podía hacer una descripción de la isla en la que tan a gusto se encuentra. Le explicamos sobre el blog y si quería compartir con nosotros su percepción, por supuesto tal y como podéis ver, una vez más nos mostró su particular encanto.

 ÎLE D’ORLÉANS

Vivre sur une île est déjà merveilleux, l’eau est plus bleue, la nature plus verte, le ciel plus clair.

Depuis maintenant 40 ans je construis mon nid, ma vie sur cette île de la grandeur de Manhattan mais habitée par seulement 7,000 habitants répartis en 6 villages bien distincts.

À mon arrivée je n’en savais rien, c’est mon travail qui m’y a amené, aujourd’hui je dirais ma bonne étoile car ce lieu est paradisiaque pas seulement par sa géographie mais aussi par les gens qui y habitent. Même si nous ne sommes pas des né-natifs comme on dit ici pour les vieilles familles, il est facile de s’y intégrer.

Au cours des années, mon implication communautaire m’a fait découvrir toutes les facettes de cette vie d’insulaire.

L’Île est riche en lieux, historiques, culturels, artistiques, maritimes et  agricoles. Sainte-Pétronille est mon village mais  l’île toute entière mon centre d’activités.

Je m’y suis fais des amis dans la communauté artistique avec qui je crée, dans le milieu culturel que ce soit par la bibliothèque ou par journal Autour de l’île, dans le milieu agricole ou l’on apprend l’histoire la plus ancienne de l’île ou encore en kayak sur ce fleuve si grand et si imprévisible ou il ne faut jamais relâcher son attention et ne pas tenter le mauvais sort en s’y aventurant seule.

En été, en hiver c’est beau, c’est calme et paisible, sauf en avril ou l’on ne finit plus de voir fondre la neige et de constater les dégâts de l’hiver, mais il y a le sirop d’érables pour nous faire patienter jusqu’aux beaux jours.

Boucar Diouf dit: que les Québécois ont tellement hâte à l’été, qu’en avril, ils bouffent leurs bancs de neige arrosés de sirop d’érable. (Il faut lire, manger de la tire d’érable versée sur la neige).

Vivre dans un des plus beaux villages du Québec c’est une belle responsabilité. Nous devons continuer à bâtir et à conserver ce patrimoine pour la prochaine génération, mais quel plaisir d’en profiter pleinement maintenant.

Violette Goulet

www.bleuartistes.com

www.autourdelile.com

La luz de una vela se ilumina a lo lejos mostrando una estrella

Al inicio del viaje, en Saugerties, me llegó un mail comunicándome tristes noticias. La muerte de mi tío Ricardo, tan solo un día después de nuestra partida desde Barcelona.

Al marchar, intentas despedirte de todos tus amigos, familiares, casi como un ritual. Sabes que el mundo es constantemente cambio, pero ingenuamente, siempre esperas encontrar a tu lado de nuevo a las personas que quieres, tal y como disfrutas de ellas con su mera presencia, esperas continuar saboreando sin notar cambios. Nunca sabes el momento en que puede devenir la muerte, sucede, te abruma, te aletarga en un dolor que solo el tiempo puede suavizar.

La distancia  me había dejado con pocas posibilidades de poder abrazar a mi tía, conversar con Sandra y Richi, mis primos y poder compartir con ellos ese sentimiento que caracteriza la pérdida de un ser querido.

Durante todos estos días, sin darme cuenta me he quedado absorta en mis pensamientos, cálidas escenas en diferentes etapas de mi vida, compartidas en familia, en las que mi tío Ricardo aparecía claramente retratado.

Una luz iluminó una estrella

Atractivo, moreno, de sonrisa alegre y grandes mofletes.
Ojos cálido caramelo, vivos, traviesos, de voz zalamera.
Inquieto, luchador, puro nervio.
 
Gran conquistador, extrovertido, conversador.
En algunos momentos, un lobo solitario.
Aficionado a largos paseos por su querida Barcelona.
 
Fascinado por el cine, por la música, por los artistas
Aficionado al tenis y a largas partidas de dominó, compartidas con mi padre
Arenys de Mar entre fines de semana, ese mar Mediterráneo.
 
Una guitarra entre sus manos, un cigarrito, mirada serena
Un vaso de whisky con hielo en compañía, espíritu intranquilo
Una foto en blanco y negro, acuclillado entre dos niños, sus manos acariciando un coquer.
 
Amante de la naturaleza, observador
Amante de la literatura, devorador de libros,
Pero sobretodo, amante de su familia.
 
De sus hijos, su amor constante, incondicional.
De sus nietos, un amor sereno, maduro.
De su querida Pili, su amor de juventud, infinito, eterno, de por vida.
 
Una vela encendida en l’Île d’Orleans, un recipiente de vidrio de cálidos colores ilumino de noche nuestra habitación, una noche llena de encanto, una de tantas noches de las muchas que has sabido disfrutar, gracias por todo ese cariño que me has transmitido, hasta la vista tío, tal y como te dije, te quiero.

Bonne nuit Île d’orleans. À la Prochaine.

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Quebec City: Una ciudad llena de encanto

La ciudad de Quebec nos cautivó desde el mismo momento que bajamos al andén. Nos parecía haber regresado a Europa, segura, sencilla, cálida, un lugar de ensueño sobre el rio San Lorenzo. Lo tiene todo para encandilar. Posee un pasado de gran riqueza cultural. Su patrimonio arquitectónico nos fue transmitiendo los grandes acontecimientos que tuvieron lugar entre sus paredes, descubriendo la cuna de la civilización francesa en América del Norte.

De todas formas lo que nos dejo más maravillados fueron sus habitantes, llenos de una pasión desbordante. Conocimos a Sylvie y Libardo a la media hora de llegar a Quebec. Nos recibieron, literalmente, con las puertas abiertas. No tuvimos ni que tocar el timbre. Al escuchar nuestras voces, cuando todavía estábamos decidiendo si era ese o no el número de su casa, Libardo salió a nuestro encuentro diciendo, con manos abiertas, “os esperábamos”. De su piso, situado en pleno centro de Quebec, se desprendía un dulce olor a pastelitos recién horneados.

Libardo y Sylvie son una pareja muy peculiar: divertidos, muy diferentes, cada uno en su estilo propio,  el Colombiano, ella Quebequense.  Amenizaron cada uno de nuestros días. Libardo con carácter abierto y tremendamente social. Sylvie dotada de gran dulzura y una timidez apenas perceptible. En su casa funciona un lema, que hemos tomado como parte de nuestro  viaje, y que dice así:  “En esta familia no existen los problemas solo hay soluciones”. Lo cual no quiere decir que echen la vista atrás a los inconvenientes, sino que con creatividad y su buen hacer, intentan dar remiendo a cualquier descosido.

Cualquier ocasión era buena para compartir pequeños momentos de placer. Como buen colombiano tenían un café exquisito. Que sería la vida sin ese delicioso brebaje amargo, sin ese aroma que invade la cocina por las mañanas, sin ese gran aliado que te hace despertar  con buen humor.

Sylvie trabaja como trabajadora social, pero tenía pendiente unas horas en el mercado del Vieux Port (El Viejo Puerto), en un puesto, dedicado a delicados frutos secos, chocolates y tartas. Nos propuso pasar por el puestecito y disfrutar de un sábado de mercado. Fue gracioso ver a Ishi, de dependiente a su lado. No os he contado, que Sylvie puede conversar un fluido castellano, con una graciosa melodía entre francés y colombiano. Ishi disfruto despachando varios clientes, y como padres reíamos viendo como se desenvolvía en su nueva aventura.

Moulin à images: Manifestación cultural

Esa misma tarde, finalizamos la cena dando un paseo y disfrutando de un sabroso helado en el “Tutto Gelato”,   para llegar al muelle del viejo puerto, donde desde el verano de 2008 se presenta, sobre 600 metros de bodegas de grano del puerto de Quebec, una proyección en formato IMAX 3D producida e interpretada por Robert Lepage denominada “Le moulin à images”

(http://www.quebecregion.com/en/what_to_do/ideas/image_mill?a=vis)

Sentados sobre los tablones del muelle, las imágenes acompañadas de música, nos transportaron a través de cuatro siglos de historia de la ciudad. La proyección es asombrosa, al menos para el espectador que la observa por primera vez. Por un lado, la magnitud de la proyección te enmudece, por otro la belleza de un espectáculo a cielo descubierto te abstrae, sintiendo como tus sentidos perciben música e imágenes, finamente organizadas en un fluir constante de belleza cultural. Descubrimos la fascinante historia de la ciudad de Quebec, con sus controversias, agitaciones, sus grandes momentos políticos y populares.

Noa e Ishi, finalmente acabaron rendidos entre nuestros brazos antes de finalizar el evento. Recuerdo pensar, al regresar y no poder despertar a Noa, lo corto que nos pareció el paseo a la ida y lo cuesta arriba que se nos hizo la vuelta, con la niña en brazos.

Cirque du Soleil: Espectáculo desbordante de luz y plasticidad

Habíamos pasado el día callejeando. Por la mañana, disfrutamos de una biblioteca muy particular. Anteriormente había sido una iglesia. En sus ventanales, relucían coloridas vidrieras.  Unos cuantos deberes y a seguir descubriendo los barrios de Saint Jean-Baptiste y Vieux Quebec, que rebosan de actividad. Tiendas de arte y artesanía, numerosos restaurantes y bares. Da gusto pasear por Quebec y perderte entre su gente. Cuatro figuras, aita, mami, Ishi y Noa cogidos de la mano en busca de otro helado. Día caluroso.

Habíamos acordado esta vez, que tendríamos nosotros la cena preparada. Libardo regreso del trabajo antes de lo previsto y se unió al equipo de cocina tras abrir una botellita de vino tinto. Poco a poco las tortillas de calabacín y patata fueron tomando forma. Un poco de música quebequa, otro poco de colombiana, algo de movimiento y para cuando Sylvie regresó, la cena ya estaba lista.

En Quebec, el Cirque du soleil (http://www.cirquedusoleil.com) realiza espectáculos gratuitos al aire libre, financiados por el ayuntamiento de Quebec, con el fin de promocionar la cultura. Esa noche disfrutamos de una de sus actuaciones. Libardo nos acompaño hacia la entrada, las puertas se abrieron y bajo el puente empezó la magia. El encuentro de lo creíble con lo increíble, la asombrosa relación entre alegría y tristeza iban asomando, el manifiesto de la fragilidad, de la belleza frente a la desbordante fuerza y energía de esos gráciles saltos en el aire. Las luces, el fuego, las voces sonoras, el payaso, el no payaso, mostrando una gran humanidad que solo a veces dejamos ver. Todo ello a pesar de la noche, a pesar del largo caminar, a pesar de la hora, no dejo que los ojos de los niños sucumbiesen otra vez al sueño. Fue un día precioso.

Vieux Quebec, Marche du Vieux Port, Citadelle

Paseando por la Citadelle y con el privilegio de contar con una gran guía turística, finalmente conocimos a Julie y su pequeña Chloe, quien realmente fue nuestro contacto inicial en Quebec.

Julie mantuvo constante correo con Ángel previo a nuestra salida de España, organizando cada detalle para que nuestra estancia en Quebec fuera del todo inolvidable. Julie trabaja con Libardo, y fue ella quien comento a Libardo la posibilidad de alojarnos en su casa. Asi mismo, fue ella quien propuso a su tía Violette que pasáramos unos días en la Île d’Orleans, donde reside y contactar con el “Summer Camp” de la Isla.

Por todo ello, mil gracias Julie por mostrarnos un poquito más de este mundo. No puedo redactar cada detalle, cada anécdota, pero realmente han sido unos días inolvidables.

Esa cena en vuestra casa,  el conocer a tu tía Violette, a Marc, a la dulce Chloe, que ante todo, tiene un apetito espectacular, a Sylvie, Libardo y Alida. El compartir experiencias,  el poder saborear un poquito de Quebec y el calor de su gente. Esperamos que os animéis visitando España a nuestro regreso. Siempre habrá un huequito en nuestro hogar para cada uno de vosotros.

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Saint Jerome. Un pueblo a las afueras de Montreal

Genevieve es una mujer que cautiva con su amplia sonrisa. Joven, encantadora, adora a sus cuatro hijos: Xavier de 9 años, extrovertido y pendiente de todo nuevo plan; Gabi  de cinco, inquieto y de mirada picara; Quelian gemela de Gabi, dulce, predispuesta siempre a una nueva aventura; y la pequeña Sara, de 2 años, dada a grandes abrazos.

En el 2009 realizaron un viaje en coche desde Montreal recorriendo Latinoamerica durante casi un año. En su momento, buscaban parques infantiles desesperadamente, donde los niños pudieses relajarse. El ir y venir de maletas formaba parte de sus vidas. Nos sentimos plenamente identificados y congeniamos como si hiciese tiempo que nos conociésemos. Una familia que nos abrió sus puertas de par en par y que esperamos volver a ver.

Viven en una zona residencial en Saint Jerome, a las afueras de Montreal. Prácticamente acababan de trasladarse. Incluso durante nuestra estancia les ayudamos a colocar algún que otro mueble en su lugar. Con cuatro niños, una casa rápidamente adapta esa calidez de hogar.

Acompañados pudimos probar “La Poutine”, patatas con queso y salsa por encima, al parecer típico plato Quebecua.  Homescholing en la biblioteca de St Jerome. Recorrimos los parques de los alrededores con sus característicos juegos de agua. El verano es una autentica locura en los países con inviernos tan fríos y donde los días son tan cortos. En verano, la gente solo tiene ojos para salir a la calle y saborear de ese calor y esa luz de la que tanto disfrutamos los países mediterráneos.

Que contento se puso Ishi al saber que había sido invitado a entrenar con el equipo de futbol de Mirabel, del que Xabier forma parte. Gustavo, el padre de los niños, estuvo atento en todo momento. Le proporciono a Ishi todo el equipo necesario, tradujo cuando era preciso, pues el entreno era en francés. Ishi disfrutó como un enano del entrenamiento.  Mil gracias Xavier por compartir tu equipo con nosotros.

Las dinámicas por la noche eran de lo más variopintas: los cubiertos sonaban en un clin chin incesante, hasta disminuir al saciar sus panchitas. El agua de la ducha salía a presión, seis niños, tres adultos,  fiesta de pijamas, y tras ello, “a dodo”, al valle de los sueños. Se silenciaba el canto de los niños para dar paso al murmullo entre adultos.

Fueron cinco días muy familiares donde recargamos pilas tras ese inicio un tanto ajetreado. Compartimos ese ritmo peculiar donde cada núcleo vibra con diferente son, y donde finalmente, si existe armonía, se llega a interpretar una sola canción.

Vieux port: Dejándonos deslizar en el aire

Desde Saint Jerome, si no dispones de un coche has de espabilarte y coger tres autobuses, hasta llegar al metro que te conduce al centro de Montreal. Nos levantamos temprano, con mucha energía y con ganas de llegar al casco antiguo, el “Old Town”. Old Town es la zona más europea de Montreal, de arquitectura francesa. Callejeando desciendes hasta llegar al Viaux Port (El puerto viejo).

Con los niños el ritmo se enlentece. Decidimos separarnos, pues teníamos que comprar los billetes de tren de Quebec City a Toronto. La estación no quedaba muy lejos de donde estábamos, pero Noa no quería dar un paso más. Quedamos en reencontrarnos en media hora, en algún lugar del Vieux Port, desde donde el día de nuestra llegada vimos los fuegos artificiales.  No disponemos de teléfono móvil. Supongo que finalmente compraremos uno por el camino, pero por el momento hacemos como en los viejos tiempos, no hace tanto, cuando quedabas en algún bar o en alguna esquina de la gran urbe y, sin uso de ningún medio de comunicación, conseguías dar con tus amistades, tanto en caso de retraso o de mala interpretación del lugar de encuentro.

Fue gracioso, pues tras más de una hora, se me hacia raro que Ángel,  con lo rápido que es, no diese todavía señales de vida. El espacio que recorre el puerto viejo de Montreal es enorme. Busqué un sitio estratégico y les propuse a los niños el juego de ¿Donde está Wally?, con la única modificación de “Wally” por “Aita” (papá en euskera). Y así empezó todo, seis ojos intentando localizar a Aita con pantalones tejanos cortos, una camisa verde y una mochila rojo chillón. Vimos bastantes posibles aitas, antes de que Noa diese con el verdadero, con ese característico caminar, fluido, dando pequeños saltos en el aire, decidido en su marcha. Como en los viejos tiempos nos reencontramos con una gran sonrisa y propusimos ponernos a la cola de una actividad en la que gratuitamente dejaban que realizases una prueba de trapecio.

Desde niña, el mundo del circo me ha parecido fabuloso, lleno de espectáculo, magia, espíritus emprendedores que saben hacer brotar una sonrisa en el momento menos esperado.

La cola se hizo de rogar, pero la espera tuvo una gran recompensa. Ishi estaba todo decidido. Varias personas nos dieron las instrucciones de cómo dejarse llevar, cómo colocar el cuerpo y las manos para dar el gran salto. Yo le iba traduciendo, hasta que nos llegó el turno.

Algunos niños, al iniciar la ascensión por las escaleras, les cogía un ataque de pánico y decidían bajar sin llegar a probarlo y con lagrimas en los ojos.

Te ponían un arnés, y un hombre tiraba de ti en caso necesario, así que todo era muy seguro. Fue fantástico, “un, dos, tres…lánzate….. piernas arriba, voltea, cuélgate del trapecio, manos y cuerpo atrás, voltereta, hiipp hooop, desciende hacia la malla”. Que sensación más agradable, y que bien te quedas tras comprobar que has conseguido dejarte llevar en ese salto a un completo no saber que va a pasar.

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Camino a Montreal: Un largo recorrido.

Realizamos un largo recorrido en autobús desde Búfalo hasta Montreal, pasando por Siracusa, Albany y la frontera USA/Canadá, para llegar finalmente a Montreal.

Fue un día cansado. En autobús todo me parece mucho más pesado. Llegamos, cargando las mochilas, finalmente a una parada de metro donde nos esperaba Daniel, un chico acostumbrado a tener muchísimas visitas de última hora en su apartamento. Su ordenador parece que queme, constantemente está en danza.

Recuerdo esa noche muy movida. Una habitación estrecha, compartida con un joven Neoyorkino. Noa durmió entre Angel y yo, e Ishi medio acurrucado en un silloncito estrecho. Daniel fue atento con nosotros. No obstante estábamos cansadísimos y con niños después de un viaje tan largo, no era realmente lo que esperábamos.

Por la mañana, me levante con un ligero dolor de cabeza y mi cuerpo un tanto agarrotado. Ishi decía que le dolía el cuello, pues si conseguía hacer un ovillo perfecto para que no le colgasen los pies del sofá, la cabeza le quedaba en un ángulo un tanto complicado. Visto el panorama, hablamos con  Daniel, y le explicamos que buscaríamos otro lugar donde alojarnos, pues preferíamos tener un tanto más de intimidad.

Daniel nos sugirió escribir en couchsurfing un aviso de última hora y fue entonces, ya buscando un hotel donde alojarnos, cuando contestó Genevieve.

Primeras horas en Montreal

Tras la confusión inicial, realizamos un suculento desayuno en el jardín de la parroquia donde tiene alquilado el apartamento Daniel. Huevos, tostadas y frutas variadas, no consiguieron poner fin a ese dolor de cabeza que iba en aumento.

El plan era hacer tiempo hasta que nos recogiese Genevieve. Quedamos con ella en el restaurante Ritmo Sazón donde transmitirían el partido de futbol Argentina-Uruguay de la Copa América. Daniel insistía en que tras el partido, viésemos los fuegos artificiales que tendrían lugar en el Vieux Port de Montreal a las 22h.

Eran las 12:00 de la mañana. Nos separamos del grupo. Descubrimos el Parque Jarry, donde los niños pudieron disfrutar relajándose entre columpios, juegos y una piscina donde refrescarse. Hacía muchísimo calor. Ishi se quedó observando un partido de petanca, y regreso con una silla plegable que le habían regalado unos señores, por no sé qué motivo todavía. En fin, el día seguía un tanto rocambolesco. Recuerdo que Ángel se ocupo de todo. Increíble o no, me quede dormida en un banco de madera a plena solana.

                

Partido Argentina-Uruguay en el restaurante Ritmo Sazón.

A veces te ves involucrado en un sinfín de vivencias de las cuales no sabes cómo salir. No sé si alguna vez os habéis visto en una situación similar. Si hubiese sido por mí y hubiese estado en mi casa, me habría ido de nuevo a dormir, tras tomar algún fármaco que me calmase esa tremenda jaqueca.

Pero ahí estábamos, tal y como quedamos con Daniel, en el restaurante colombiano. Siguiendo el partido Argentina-Uruguay, entre una cada vez mas efervescente afición. Si os soy sincera, el más forofo de la familia, si se puede llamar así, es Ishi, y realmente, fue el que más disfrutó.

Se me ilumino la cara cuando vi a Genevieve, de cara dulce y expresión sonriente.

A penas cruzamos dos palabras, pues Noa cansada de tanto alboroto, quería salir del restaurante en busca de un parque infantil. Fuimos las últimas en salir del parque pues el partido se alargo más de la cuenta, y llegaron a los penaltis tras un empate a cero. En los penaltis ganó Uruguay.

Fuegos artificiales en el Vieux Port: Colapso de tráfico en las calles

Genevieve conducía un coche familiar. Llegamos al puerto, entre una marabunta de tráfico. Imposible encontrar un lugar donde aparcar. Los niños habían sucumbido en un sueño profundo. Daniel insistía en despertarles para que viesen los fuegos. Le explique que por mucho que insistiese, sus sentidos ya estaban desbordados. De ninguna de las maneras les despertaría. Soñaba con llegar a casa. Ángel me miraba con resignación. Para finalizar el día, solo quedaba observar esa noche oscura tiznada de fuegos artificiales en su sinfín de colores.

Genevieve se quedo en el coche velando el sueño de los niños. Daniel, Ángel y yo nos adentramos entre el gentío. Llegué a mi límite. Vomité al lado de un árbol, entre fuegos de colores y sonidos de petardos. Me era indiferente mi alrededor, solo quería una cama donde poder tumbarme y donde cediese ese retumbar constante en mi sien. La salida estaba desbordada de gentío. Avanzábamos metro a metro entre un sinfín de coches. Noa se despertó, reclamando a mamá, y entre mis brazos volvió a conciliar el sueño.

Ahora me puedo reír de la situación en general, pero la llegada a Montreal no fue como me esperaba.  A veces no nos damos cuenta, lo bueno que es sentirse bien.

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Cataratas del Niágara. Maravilla natural entre USA y Canadá

Las Cataratas del Niágara, están localizadas en la frontera entre EEUU y Canadá, en lo que se constituyó como primer parque nacional de los Estados Unidos, el “Niágara Falls National Park”.

Es curioso cómo cuando escuchas o estudias sobre algún lugar, automáticamente realizas un boceto sobre cómo debe ser. “Niágara Falls” nos sorprendió gratamente. La fuerza de la naturaleza te hace conectar con lo más profundo de tu ser. Al mismo tiempo nos enseño el lado más oscuro del ser humano, que puede romper su equilibrio natural sin ningún tipo de respeto.

Nuestra anfitriona, Karen, se ofreció a llevarnos en coche. Así, a eso de las 10:30 partimos, y en unos 20 minutos nos presentamos en Niágara Falls. Cuando ya nos acercamos a la localidad que acoge mayoritariamente establecimientos turísticos, Karen nos muestra a los lejos, una fumarola, que es el agua en suspensión que provoca la caída de las cataratas.

Dicha imagen, ya nos hace intuir la magnitud del  de la naturaleza que estamos a punto de presenciar.  Tras comprar un poco de agua, nos dirigimos a sacar los tickets del “Maid of the Mist”, compañía que ofrece los servicios de barco para acercarse a la base de las cataratas.


Pasamos por diferentes tiendas de souvenirs, accedemos a un mirador desde donde contemplamos parte de las cataratas, ya que la caída es sobre suelo americano, y al fondo una imagen, más propia de Las Vegas, ya que el lado canadiense está lleno de hoteles-casino rascacielos.

A pesar de estar en el mes de Julio, no tenemos la sensación de agobio turístico, y el barco que nos llevara hasta ellas está tan solo parcialmente lleno. A la entrada del barco nos dan una capa de agua, lo cual presagia una buena ducha al acercarnos a las caídas de agua. Niágara Falls están compuestas por dos caídas, a cada cual más espectacular. Ya en la primera empezamos a percibir la fuerza de la naturaleza que se traduce en una lluvia fina sobre nuestros cuerpos, pero no será hasta llegar al segundo salto cuando realmente disfrutemos de toda la plenitud que nos ofrece la madre tierra. El barco se mueve lentamente, haciendo maniobras para no acercarse demasiado, pero a la vez mantenerse los más estable posible para que podamos disfrutar unos minutos de semejante maravilla. El oleaje provocado por la caída del agua es tal que incluso crea una cierta sensación de inseguridad. Tras las fotos de rigor y con una grata imagen en nuestras retinas, regresamos al embarcadero.

El entorno que acompaña a las cataratas no es nada agradable, debido a la edificación masiva que se ha producido para el turismo, pero el espectáculo de las cataratas bien ha merecido la pena. Nos han aconsejado que crucemos el puente al lado canadiense, ya que las vistas sobre ellas son mucho mejores. Nos dirigimos al puente que lleva a suelo canadiense. Existe una pasarela para peatones, que nos conduce a la garita de aduanas canadiense, donde tras el sello de turno en los pasaportes, y alguna que otra pregunta por parte del oficial de aduanas, accedemos a Canadá.

El paseo hasta la cresta de la mayor de las caídas, goza de unos maravillosos parques con árboles, así que decidimos hacer una parada para descansar. Las vistas desde este lado son espectaculares, lo cual da pie a infinidad de fotos, con el objetivo de que alguna sea digna de ser conservada para el recuerdo. Una de las imágenes plasmadas más bonitas, se produce cuando los rayos del sol cruzan la fumarola de agua en suspensión, provocando un precioso arcoíris. Tras disfrutar de la vista de la cresta de la catarata mayor, emprendemos nuestro viaje de regreso a suelo americano,  donde el oficial que revisa nuestros pasaportes, nos hace 2 curiosas preguntas:

¿Hablan todos ustedes inglés? ¿Donde lo han aprendido?

La verdad es que a la segunda pregunta ya no sabemos qué contestar, pero al parecer tampoco esperaba respuesta, ya que sin la misma nos da permiso para cruzar. Suponemos que son preguntas de manual que van formulando de forma aleatoria, con el fin de observar si el interlocutor se pone nervioso, en cuyo caso tomarían otro tipo de acciones. Ello nos da pie a conversar sobre qué tipo de entrenamiento reciben los susodichos oficiales de aduanas para saber, en cada momento, que tipo de pregunta realizar y como observar las respuestas y el lenguaje corporal de su interlocutor.

Esta vez Ishi y Noa han podido hacer algo que les fue imposible en Nueva York, obtener un grabado en un “penny”, moneda de 1 centavo,  en una curiosa maquina que las grava dando vueltas a una manivela, Racata, racata, tatata….clink. Gran sonrisa de los niños al aparecer la moneda con forma ovalada y una imagen de un indio sobre una de sus caras. En Nueva York nos fue imposible, ya que no conseguimos que nadie nos cambiase una moneda de 25 centavos en monedas más pequeñas, y nos quedamos con las ganas.

Con un cierto cansancio en el cuerpo después de casi todo el día  al sol, regresamos a Kenmore donde disfrutamos de una cena en familia, con Karen, Bill y sus niñas.

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Afrontando nuestras primeras experiencias en Couchsurfing & Homeschooling

Hoy viajamos a Kenmore (Estado de Nueva York), tras tres días disfrutando de Laura. Desayunamos, cerramos maletas, cargamos el coche rumbo al tren. Tras un gran abrazo estamos preparados para seis horas de viaje.

Primera experiencia couchsurfing: Karen & family

Los viajes en tren son muy relajantes, vas observando el cambio de paisaje en ese suave vaivén. Dedicas un rato a disfrutar de un libro, dibujando mándalas donde los niños se entretienen un buen rato. Una cabezadita, escribo alguna entrada en el blog,  o simplemente observo a mí alrededor como diferentes historias se van construyendo.

Al descender del tren, una mujer de mediana edad nos esperaba con una sonrisa en los labios y las cejas ligeramente levantadas preguntándonos casi con seguridad si éramos la familia española que esperaba.

Karen vive una casa de madera de estilo americano, en un barrio muy tranquilo de Kenmore. Esta divorciada pero mantiene una estupenda relación con su marido Bill. Tienen dos niñas adoptadas Chelsea y Ashley, de 12 y 9 años. Este año han sido invitadas por el gobierno chino para que puedan conocer sus orígenes. Por todo ello, Karen estaba muy ilusionada preparando todo para su viaje a China, con la familia al completo.

No hacia ni cinco minutos que habíamos llegado a su casa, cuando nos dimos cuenta que Ishi no estaba. Fue sorprendente verle con un bate de beisbol en la mano y jugando con Matthew, el vecino de enfrente diciendo “strike one”. Te tranquiliza ver la capacidad de adaptación que tienen los niños. Que lastima perder esa facilidad de transmitir a través del juego y del lenguaje corporal. De dejarse llevar y confiar en ese otro como un posible gran amigo.

Los tres días pasaron fugaces, entre guerras de globos, chapuzones en una piscina pública, buscando bibliotecas, visita a las cataratas del Niágara, paseando por el barrio y conversando con Karen, mientras los niños seguían compartiendo risas entre juegos.

Homeschooling : Educación en el hogar

Por motivos obvios nos hemos visto inmersos en la gran tarea de educar, siguiendo el currículum escolar para evitar así que nuestros hijos no pierdan ningún curso, y con el fin de que una vez regresemos, puedan incorporarse a sus respectivas clases.

Tras informarnos, hemos visto como muchas familias en el mundo prefieren realizar la enseñanza de los niños desde casa por diferentes motivos (sociales, religiosos, …etc). Es impresionante ver cómo funciona. La verdad es algo de lo que habíamos escuchado pero en lo que nunca habíamos profundizado. En nuestro caso, nos encontramos con diferentes inconvenientes que iremos resolviendo a medida que vayamos involucrándonos y cogiendo seguridad en ese arte de educar, no solo como padres sino impartiendo materias que tanto Ishi como Noa asimilarían si siguieran en su colegio.

Una de las muchas preguntas que nos hacemos, es sobre la diferente relación que existe entre alumno-profesor y padres-hijos en su tarea de educar. Tendremos que establecer una dinámica diferente. Por otro lado, acerca de nuestra ignorancia de cómo impartir los diferentes conceptos, como hacerlo de la forma más pedagógica posible, puesto que al fin y al cabo, está siendo nuestra primera experiencia. Supongo que como todo en la vida, es descubrir ese cómo organizarse, lanzarse y poco a poco, seguro iremos mejorando en las habilidades de cómo impartir y motivar a nuestros hijos.

 La dificultad con la que nos estamos encontrando, radica en esa movilidad que tenemos, pues en casa siempre encuentras espacios adecuados que no cambian, donde el lugar está dispuesto de tal forma que te es más fácil realizar esa tarea. En nuestro caso, todo es cambiante, casi una locura, así que por el momento vamos recorriendo las bibliotecas. En ellas vemos como Ishi y Noa están más dispuestos.  Vaya aventura!!!. Qué gozada por otro lado, y que sensación de montaña rusa al mismo tiempo.

Cabe añadir y agradecer, que antes de partir hablamos con los tutores y el equipo directivo del colegio Matagalls, donde estaban matriculados los niños, de los cuales recibiremos todo su apoyo. Así pues, estamos más tranquilos, sabiendo que existe un equipo amigo, que nos puede orientar en todo momento, y los críos están contentos de poderse comunicar con sus amigos.

Viva los maestros!!!, educadores, magos de transmitir el saber. Afines profesores que comparten y dedican sus vidas a la enseñanza. Comprometidos en todo proyecto que conlleve ilusión y evolución de esos niñ@s ávidos por aprender del mundo que les rodea.

Primeros pasos en el Homeschooling

Tras un cafecito americano acompañado de una tostada, nos adentramos callejeando en uno de los barrios de Kenmore. Que mejor forma de iniciar el “homeschooling”, que yendo a la biblioteca del pueblo. Karen y sus hijas nos han comentado que tiene un área bastante grande reservada para niños.

Enseguida localizamos su área infantil, donde curiosamente, a pesar de ser pleno verano, no somos los únicos padres impartiendo clase a sus hijos. La biblioteca tiene distribuidos varios espacios.

Una madre enseña a su hijo con una pequeña pizarra y una serie de libros. Un niño atiende a un juego de cartulinas con las que una mujer motiva a ordenar según su significado.

El “homeschooling” , a diferencia de España, en EEUU es legal y además una práctica bastante extendida. Al parecer, muchas familias, generalmente religiosas, con el objetivo de que sus hijos no sean adoctrinados fuera de sus creencias religiosas, optan este método de educación. En nuestro caso, las motivaciones que nos han llevado a practicar el “homeschooling” difieren profundamente de cuestiones religiosas, o doctrinas de otra índole, no obstante nos vemos inmersos en nuestros primeros pasos.

La biblioteca cuenta con una serie de ordenadores donde han instalado programas educativos para niños. Nos distribuimos en la misma mesa y vemos como la primera elección, no ha sido la correcta, pues Ishi comenta que lo de Noa es tremendamente fácil. ¡Ya empezamos con las quejas! decidimos separarnos. Ángel se queda con Ishi y yo me llevo estratégicamente a Noa hacia un colorido rincón.

Tras unos pocos ejercicios de matemáticas y un poco de caligrafía, Ishi se decide a intentar con los programas educativos, a pesar de que están en ingles. Bueno, para esos estamos los padres, no?, para ayudarles con las traducciones. Aprovechamos la estancia, la verdad es que las preguntas van que vuelan, explicamos a Ishi algo más sobre la vuelta al mundo y ciertos conceptos de geografía. Es verdad que todavía es pequeño, pero muestra curiosidad así que empezamos situando la tierra, los continentes y sus composiciones en países, los cuales tienen cada uno su propia capital. Comenzamos por USA que es donde estamos, para continuar con Canadá, nuestro siguiente destino.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

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