Toronto: Una ciudad inmensa en la que perderse y disfrutar

Toronto es la capital de la provincia de Ontario, con una población de 2.503.281 habitantes.  Es la ciudad más grande de Canadá, además de ser el centro financiero de dicho país. Se ha desarrollado en un tiempo récord convirtiéndose en el Nueva York del norte.Es una ciudad inmensa, cosmopolita, cambiante, te puedes perder fácilmente en ella sin llegar nunca a conocerla del todo.

En Toronto estuvimos alojados en casa de Marin y sus dos hijas Makeda y Zenith, familia que tienen pensado viajar a Asia por un periodo de un año. Con ellas disfrutamos de actividades diversas. Nos invitaron al “Day Care Center” al que asisten en verano las niñas, en el cual Ishi y Noa pasaron una agradable mañana en compañía de otros niños. Pudimos asistir también a un festival musical de Samba del cual las niñas de Marin, forman parte denominado “Samba Kidz”.

Toronto Island:  Erase una vez un conjunto de islas…

Cerramos la puerta temprano. Marin, acompañó a sus hijas al “Day Care Center”. Nosotros nos fuimos en busca del medio de transporte que nos llevase al “Down Town” para poder visitar  Toronto Island Park, el centro de ocio y cultura de esta inmensa ciudad y el hogar de una pequeña comunidad de unas 250 viviendas.

De fácil acceso en ferry, el cual ofrece una vista espectacular sobre el horizonte de la ciudad. La isla es un parque gigante, con preciosos jardines, atracciones, un lugar fantástico al que poder saltar y olvidarte de esos grandes edificios que culminan la ciudad en un tono grisáceo. En mi opinión, uno de los inconvenientes de las grandes ciudades que han crecido tan rápido es esa modernidad, esos grandes edificios normalmente resaltados de tonos grises, donde como europea encuentro a faltar los viejos muros, los edificios históricos que le dan a toda ciudad una distinción de color.

En la isla, nos perdimos en sus playas, intentamos alquilar una extraña bicicleta para 4 de cuatro ruedas, pero la larga cola nos hizo sucumbir en nuestro intento y seguimos paseando. Finalmente, nos quedamos en una gran explanada donde familias de diversas culturas extendían sus manteles y preparaban sus picnics, de olores intensos y diversos, atendiendo al estilo culinario y lugar de origen.

Ishi y Noa están fascinados con las “Splash zones” (parques de agua). Al igual que en España, en los parques infantiles encuentras columpios o toboganes, pero además en estos parques existe una zona donde puedes refrescarte con chorros de agua diseñados con gran colorido, donde las fuentes van encendiéndose y apagándose con diferentes presiones. Los niños pueden pasarse horas jugando corriendo de un lado para otro entre mangueras, fuentes y aros que asemejan arcoiris.

Cerca del parque encontramos el “Centreville Amusement Park”, algo así como el parque de atracciones de la isla. Pasamos del picnic a campo abierto a una feria andante. No sé que tienen los parques de atracciones, pero el cambio de ambiente era perceptible en cada uno de nosotros, inquietos, como con cierta prisa, con un nerviosismo especial.  La entrada es gratuita y cobran por atracción. Acordamos con Ishi y Noa que eligiesen dos atracciones en las que montar, ositos que daban vueltas, abejas voladoras, lanchas de choque y un tronco de agua en la que conseguimos de Ishi una gran sonrisa. Precisamente en la zona del tronco de agua, un niño de unos 13 años lloraba desconsoladamente pues no conseguía atreverse a montar en la atracción. Era enternecedor ver la escena. Desde fuera observabas como sus lágrimas caían sin poder frenarlas, su cuerpo grande, abrazado a su madre, en una lucha contradictoria entre el querer y no poder, enfadado con sí mismo. Le guiñamos un ojo, no pasa nada, señalamos a Ángel y le dijimos que él era más grande y tampoco se tiraba y no era menos por ello. Pero sus labios seguían gimiendo con grandes pucheros. Nos despedimos del parque lanzando una monedita en el pozo de los deseos, “I wish, I wish…” (yo deseo, yo deseo…). La moneda iba trazando círculos cada vez más pequeños hasta que finalmente caía al pozo.

El sol iba descendiendo. Teníamos que tomar el ferry de regreso. Vaya cola!!!, parecíamos un gran rebaño de ovejas en su redil. Los pasajeros iban accediendo al ferry mientras uno de los tripulantes del barco iba contabilizando las personas que entraban. A 10 metros de nuestro turno, la cola se paró. Habían llegado al tope, así que esperamos al siguiente ferry. Nos encontrábamos entre cuatro hileras de personas, cada una intentando hacer que la espera no se hiciese muy larga de la mejor forma.

Finalmente llego nuestro ferry. Un viaje cortito en el que recrearte mientras regresas a Toronto. Anocheció. Noa se durmió acurrucada sobre Ishi, y Angel aprovechó la puesta de sol para sacar las últimas fotos del “skyline” de Toronto, con la CN-Tower al frente, como símbolo de  identidad de la ciudad.

Al descender, entre una gran multitud de personas, el capitán de barco anunció “hay demasiado ruido en mi barco, desciendan poco a poco”. Ángel y yo nos miramos asombrados, preguntándonos si habíamos entendido bien la voz, un tanto enfadada que surgía del altavoz del ferry. Casualmente, nos encontramos de nuevo con el niño de gran complexión, de 13 años, con una gran sonrisa. Me dió la mano diciéndome, “I did it” “I finally raised in the atraction, thank you” (lo hice, finalmente me subí a la atracción).

Black Creek Pioneer Village: Encuentro con una persona muy especial

Entre los dichos “El mundo es como un pañuelo” y “es tan difícil como encontrar una aguja en un pajar” nos quedamos con el primero. No pienso que sea tan difícil encontrar la aguja en el pajar, es cuestión de ponerte a buscarla y sumergirte en la paja. En cada viaje puedes encontrarte con algún conocido o bien puedes coincidir con alguien que te hace pensar en cuan maravilloso puede ser un ser humano.

Cogimos tres autobuses para llegar a Black Creek Pioneer Village.  Entrar en otro mundo, teniendo la oportunidad de experimentar la vida como solía ser en los inicios de Ontario, recreando un pueblo de 1860. Cada edificio simula uno antiguo y genuino, escenificados con interpretes vestidos de época, llevando el pueblo a la vida, que te hacen situar y poder conversar sobre su estilo de vida, sus trabajos, sus actividades de ocio, sus miedos, sus juegos infantiles.

 http://www.blackcreek.ca/

En uno de los edificios, tras un mostrador nos esperaba ese personaje maravilloso que nos hizo tan especial el día. Nacido en Londres, gran conversador, un ser de aquellos que te hace pensar “yo quiero ser como el de mayor”. Un anciano asombroso y conquistador, que mostraba como transformar un trozo de latón en un tesoro.

Pero como una imagen vale más que mil palabras, os queremos también hacer disfrutar de su encanto, disfrutad de unos minutos a su lado… ¿Podéis escuchar  el sonido de esa gran dulzura….?

Downtown, Old Toronto Town, Chinatown, University of Toronto

Nos faltaba recorrer zonas del Downtown en su inmensidad, Visitamos la Universidad de Toronto que junto con sus estudiantes da gran vida a la ciudad. De todas formas, con niños parece que las salidas se complican en cuanto nos alejamos de los parques. Al fin y al cabo, es natural, ellos quieren dar libertad a sus piernas, escalar, corretear, jugar y reírse de cualquier novedad, y por muy grande que sea la calzada, el tráfico te impide ese caminar alocado que todo niño lleva dentro. Así que, como padres estamos renunciando a visitar determinadas zonas, no porque no consigamos llevarles, simplemente porque cuando vamos no funciona el pack. Noa empieza con el “Mami, aita, estoy cansada llevadme en brazos”. Ishi se impacienta en llegar a no sé donde. A mí se me van los ojos en el callejeo y la vorágine humana, y Angel finalmente pone orden y decide que ya es hora de comer,  y de visitar un restaurante en pleno Chinatown.

No sé el porqué, es como un iman, pero siempre terminamos callejeando en las diversas chinatowns de cada ciudad. El barrio está lleno de acupunturistas, reflexologos, estrañas peluquerías. Te dan ganas de entrar y dejarte masajear y poder experimentar que sensación causa un sinfín de agujas que penetran en tu piel, o esas presiones ligeras sobre tu pie…. Pasamos de largo entre tiendecitas y supermercados con productos especiales, caracteres chinos en esa elegante caligrafía que te traslada a oriente. Al mismo tiempo una energía magnética, un ajetreo, un constante hacer.

En sus restaurantes comes de lo más variado. La comida no tiene nada que ver con la que te sirven en los restaurantes chinos en España, y la variedad es mucho más amplia y sabrosa. Normalmente las mesas son multi-familia, es decir, compartes mesa con otras familias. Es espectacular ver como al finalizar, los platos son recogidos con todo el mantel, quedando la mesa preparada para el siguiente comensal. El ambiente es grato si consigues abstraerte de otras conversaciones a tu alrededor, ya que le barullo puede llegar ser ensordecedor.

Antes de irnos compramos varios productos, para nosotros novedosos, en una de sus tiendas, y como recompensa a ese largo recorrido, nos paramos en el “Village Idiot Pub (VIP)” (Pub del pueblo de los idiotas) con una nota de humor, disfrutando de una cerveza bien fresca, mientras Noa e Ishi disfrutaban de un helado de esos que hacen historia.

Fiesta eritrea en el Earlscourt Park: Alegría entre su gente

Tras un día en el High Park de Toronto, de regreso escuchamos una música a lo lejos.

La curiosidad nos atrajo hacia un parque donde se intensificaba el sonido musical. Cuando llegamos estaban en pleno partido de futbol, donde ondeaban banderas de Canadá y de un país que inicialmente no identificamos. Finalmente tras escuchar el idioma en el que hablaban y la fisonomía de sus caras, Ángel se decantó por pensar que eran eritreos y asombrosamente bingo!!! así era.

Eritrea está ubicada en el cuerno de África al norte de Etiopia. Tras una guerra cruenta con Etiopia, se independizó en 1993, lo que lo convierte en uno de los estados más jóvenes del mundo.

Acabado el partido empezó la fiesta, intentamos difuminarnos entre su gente, a pesar que fue arduo complicado, pues éramos la nota de color, en este caso blanco, entre una muchedumbre de piel oscura, quecelebraba el día de la liberación del pueblo eritreo. El ambiente era muy agradable. Ishi se integro entre un grupo de niños que jugaban a futbol. Noa realizaba trazos de letras entre la arena y pronto otros niños la siguieron entre sonrisas. Mientras, nosotros nos tumbamos en el césped observando trazos de nuestra amada África.

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2 respuestas a Toronto: Una ciudad inmensa en la que perderse y disfrutar

  1. Marc dijo:

    Familia!
    Qué bueno el anciano…!!! Menudo viaje e increíbles experiencias, sobre todo para los niños.
    Diana! levántate antes y escribe más!!! 😛
    Un abrazo para todos!

  2. Vis dijo:

    Ya volvemos a estar xaqui…
    Diana vaya de redacción, me encantan tus relatos !!!
    Besos y abrazos 🙂

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