Saint Jerome. Un pueblo a las afueras de Montreal

Genevieve es una mujer que cautiva con su amplia sonrisa. Joven, encantadora, adora a sus cuatro hijos: Xavier de 9 años, extrovertido y pendiente de todo nuevo plan; Gabi  de cinco, inquieto y de mirada picara; Quelian gemela de Gabi, dulce, predispuesta siempre a una nueva aventura; y la pequeña Sara, de 2 años, dada a grandes abrazos.

En el 2009 realizaron un viaje en coche desde Montreal recorriendo Latinoamerica durante casi un año. En su momento, buscaban parques infantiles desesperadamente, donde los niños pudieses relajarse. El ir y venir de maletas formaba parte de sus vidas. Nos sentimos plenamente identificados y congeniamos como si hiciese tiempo que nos conociésemos. Una familia que nos abrió sus puertas de par en par y que esperamos volver a ver.

Viven en una zona residencial en Saint Jerome, a las afueras de Montreal. Prácticamente acababan de trasladarse. Incluso durante nuestra estancia les ayudamos a colocar algún que otro mueble en su lugar. Con cuatro niños, una casa rápidamente adapta esa calidez de hogar.

Acompañados pudimos probar “La Poutine”, patatas con queso y salsa por encima, al parecer típico plato Quebecua.  Homescholing en la biblioteca de St Jerome. Recorrimos los parques de los alrededores con sus característicos juegos de agua. El verano es una autentica locura en los países con inviernos tan fríos y donde los días son tan cortos. En verano, la gente solo tiene ojos para salir a la calle y saborear de ese calor y esa luz de la que tanto disfrutamos los países mediterráneos.

Que contento se puso Ishi al saber que había sido invitado a entrenar con el equipo de futbol de Mirabel, del que Xabier forma parte. Gustavo, el padre de los niños, estuvo atento en todo momento. Le proporciono a Ishi todo el equipo necesario, tradujo cuando era preciso, pues el entreno era en francés. Ishi disfrutó como un enano del entrenamiento.  Mil gracias Xavier por compartir tu equipo con nosotros.

Las dinámicas por la noche eran de lo más variopintas: los cubiertos sonaban en un clin chin incesante, hasta disminuir al saciar sus panchitas. El agua de la ducha salía a presión, seis niños, tres adultos,  fiesta de pijamas, y tras ello, “a dodo”, al valle de los sueños. Se silenciaba el canto de los niños para dar paso al murmullo entre adultos.

Fueron cinco días muy familiares donde recargamos pilas tras ese inicio un tanto ajetreado. Compartimos ese ritmo peculiar donde cada núcleo vibra con diferente son, y donde finalmente, si existe armonía, se llega a interpretar una sola canción.

Vieux port: Dejándonos deslizar en el aire

Desde Saint Jerome, si no dispones de un coche has de espabilarte y coger tres autobuses, hasta llegar al metro que te conduce al centro de Montreal. Nos levantamos temprano, con mucha energía y con ganas de llegar al casco antiguo, el “Old Town”. Old Town es la zona más europea de Montreal, de arquitectura francesa. Callejeando desciendes hasta llegar al Viaux Port (El puerto viejo).

Con los niños el ritmo se enlentece. Decidimos separarnos, pues teníamos que comprar los billetes de tren de Quebec City a Toronto. La estación no quedaba muy lejos de donde estábamos, pero Noa no quería dar un paso más. Quedamos en reencontrarnos en media hora, en algún lugar del Vieux Port, desde donde el día de nuestra llegada vimos los fuegos artificiales.  No disponemos de teléfono móvil. Supongo que finalmente compraremos uno por el camino, pero por el momento hacemos como en los viejos tiempos, no hace tanto, cuando quedabas en algún bar o en alguna esquina de la gran urbe y, sin uso de ningún medio de comunicación, conseguías dar con tus amistades, tanto en caso de retraso o de mala interpretación del lugar de encuentro.

Fue gracioso, pues tras más de una hora, se me hacia raro que Ángel,  con lo rápido que es, no diese todavía señales de vida. El espacio que recorre el puerto viejo de Montreal es enorme. Busqué un sitio estratégico y les propuse a los niños el juego de ¿Donde está Wally?, con la única modificación de “Wally” por “Aita” (papá en euskera). Y así empezó todo, seis ojos intentando localizar a Aita con pantalones tejanos cortos, una camisa verde y una mochila rojo chillón. Vimos bastantes posibles aitas, antes de que Noa diese con el verdadero, con ese característico caminar, fluido, dando pequeños saltos en el aire, decidido en su marcha. Como en los viejos tiempos nos reencontramos con una gran sonrisa y propusimos ponernos a la cola de una actividad en la que gratuitamente dejaban que realizases una prueba de trapecio.

Desde niña, el mundo del circo me ha parecido fabuloso, lleno de espectáculo, magia, espíritus emprendedores que saben hacer brotar una sonrisa en el momento menos esperado.

La cola se hizo de rogar, pero la espera tuvo una gran recompensa. Ishi estaba todo decidido. Varias personas nos dieron las instrucciones de cómo dejarse llevar, cómo colocar el cuerpo y las manos para dar el gran salto. Yo le iba traduciendo, hasta que nos llegó el turno.

Algunos niños, al iniciar la ascensión por las escaleras, les cogía un ataque de pánico y decidían bajar sin llegar a probarlo y con lagrimas en los ojos.

Te ponían un arnés, y un hombre tiraba de ti en caso necesario, así que todo era muy seguro. Fue fantástico, “un, dos, tres…lánzate….. piernas arriba, voltea, cuélgate del trapecio, manos y cuerpo atrás, voltereta, hiipp hooop, desciende hacia la malla”. Que sensación más agradable, y que bien te quedas tras comprobar que has conseguido dejarte llevar en ese salto a un completo no saber que va a pasar.

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4 respuestas a Saint Jerome. Un pueblo a las afueras de Montreal

  1. Marc dijo:

    Qué valientes Diana e Ishi. Se os ve genial!!!
    Ángel, la próxima vez cómprate una camiseta rojas con rayas blancas! 😉
    Un abrazo para todos!!!

  2. Que grande Ishi y Diana en el trapecio!!!! los felicito!!! con Luna seguimos vuestro recorrido muy entusiasmadas….gracias por compartir sus aventuras con todos nosotros!!! sigan disfrutando!! beso grande desde Palau!!!
    Maria Jose, Luna, Mili y Nacho

  3. Vis dijo:

    Hola Familia, nos vamos e Menorca en un ratito pero llevamos el iphone de Manuel así que a ver si nos encontramos…
    Que guachi el trapecio, me lo ha dicho Guille yo no os había visto, Campeones !!!
    Un beso fuerte y mil abrazos, vis, Manuel, Guille y Dani

  4. patricia dijo:

    que aventura más emocionante besos de de la familia fernandez esteve( patricia,oriol,y otger)

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