Vang Vieng, las mil y una caras de un puente

Campesina en Vang Vieng (Laos)Vang Vieng es un pueblito situado a tres horas al norte de Vientián. Está creciendo poco a poco, su turismo básicamente de “backpackers”. De viajeros hay muchos y de muchos tipos, con sus diferentes inquietudes, sus ganas de descubrir y de conocer un mundo diferente. No obstante aquí encontramos sobre todo los que van en busca de fiesta, drogas y alcohol ligado a algo parecido a un deporte de aventura.

Podríamos llamarle la capital del “tubing”, o cómo bajar el río tumbado sobre un flotador. Donde realizas paradas en pequeños barecitos establecidos por su curso para ponerse morado de alcohol. Lo cual es bien absurdo, pues el deporte nunca es buen aliado del alcohol. Tras cuatro horas de bajada los turistas regresan borrachos sosteniendo sus flotadores en una imagen, si bien un tanto deplorable. Y más si tienes dos niños preguntones que no pasan ni una y que te avasallan con sus preguntas directas al grano. Al menos las imágenes me sirvieron para darles una buena disertación de los efectos que el alcohol y las drogas pueden causar en el ser humano.

No obstante, a pesar que es una pena que el recurso económico del pueblo sea precisamente ese turismo, lo cual a mi parecer enturbia su encanto, Vang Vieng está rodeado de una naturaleza exuberante, paisajes paradisiacos donde poder encontrarte con la verdadera esencia de la cultura que trasmite Laos. Campos de arroz en su inmensidad, montañas de piedra caliza donde se forman cuevas increibles, de altura y formas diversas, budismo y templos, gente trasparente y llena de encanto.

Partiditas de ajedrez, refrescos y una comida sabrosa

Relajandonos en el Blue LagoonNos alojamos en un hotel con piscina a orillas de un rio, partiditas de ajedrez, chapuzones y juegos de agua en el “Blue Lagoon”, una laguna donde refrescarse, siendo de lo más placentero. Allí practicábamos, casi a diario, nuestro particular “tubing” adaptado a la familia, pues al fin y al cabo la idea esencial de este deporte es increíblemente divertida. Un neumático gigante de camión a modo de flotador, un gran árbol que nos maravillaba en sus diversas alturas a modo de trampolín de saltos. Una cuerda atada a sus ramas para deslizarnos en el aire y dejarnos caer sobre las aguas azul verdoso y mucha energía para no parar de saltar y de divertirte en tus brincos, dejando el relax para más tarde sobre el neumático flotando en el agua.

El clima era asfixiante, el calor, la humedad, de aquellos días en los que la ducha no sirve prácticamente para nada, solo para recordarte lo reconfortante que es sentir el agua sobre tu cuerpo empapado de sudor. Te duchabas, te vestías, abrías la puerta de la habitación y unos goterones invadían rápidamente tu piel.  Intentábamos desplazarnos en las primeras horas del día y regresar hacia el atardecer cuando la intensidad del sol no incidía de forma tan abrasadora.

Uno de los días alquilamos una bicicleta que al pedalear con un poco más de fuerza la cadena se salía de forma constante del piñón. ¡Que locura de trayecto! Entre el calor y la dichosa cadena acabe con unas ganas locas de que el día tuviese menos horas.

–        Aita, se me ha salido otra vez la cadena.- Ishi parecía pedalear sin sentido

–        Caray!!! otra vez no, pero que haces, no le des tan fuerte.- Ángel refunfuñaba, sus manos estaban llenas de grasa de tanto colocar la cadena en el plato de nuevo.

Las mil y una caras de un puente

Campesinas cruzando el puente de Vang Vieng Cada día teníamos que cruzar el puente. Curiosamente, había que pagar un peaje, dependiendo de si ibas a pie, en bicicleta, en ciclomotor o en otro tipo de vehículo, el precio variaba. La de historias que nos podría contar si pudiese hablar. Al cruzarlo parecía poderse escuchar un susurro que te acompañaba en su recorrido. Crujidos al caminar sobre las viejas maderas, sonidos del viento al silbar sobre los cables rojizos que lo mantenían en pie, palabras cruzadas de los transeúntes que se movilizaban sobre él para llegar a sus puntos de encuentro.

Podías pasarte horas y horas únicamente observando, desde que se iluminaba con los primeros rayos de sol hasta que parecía desaparecer sobre su rio al anochecer. Parecía que toda la vida de ese pueblito se empezaba a cocer en ese tramo que permitía cruzar el rio, un rio de aguas marronaceas, aguas normalmente tranquilas, solo a veces turbulentas, rodeado de montañas donde la vegetación no parecía tener fin. Personas desfilando de un lado para otro en una dirección, con una propuesta, con una ilusión, con un propósito. Expresiones diferentes, vestuario de colores, pies dándole a los pedales, ruedas girando……

–     Aita hagamos una carrera, venga a ver si me pilláis hasta el otro lado.- Ishi pedaleaba con todas sus fuerzas consiguiendo desplazarse velozmente.

–       Pero bueno, eso se avisa antes, me coges desprevenido, ahí vamos, Noa agarrate fuerte.

 

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3 respuestas a Vang Vieng, las mil y una caras de un puente

  1. Muy bonita entrada, nosotros este verano tenemos en mente pasar por Laos y creo que sería una buena opción visitar este puente y esperar que nos cuente algo, aunque sea a base de observarlo en diferentes momentos del día.
    Nos encanta vuestro blog!
    Un abrazo!!

  2. Ester dijo:

    Que sitio mas bonito….me ha encantado el puente y lo transitado que esta…te puedes pegar horas simplemente observando….y el árbol desde donde os tiráis?? …Guau que sitio….Vietnam otro de los lugares a visitar…Un abrazo familia.

    • Hola Esther
      Por fin con un poco más de tiempo para contestar y ponernos al día con el retraso en el blog. El puente un lugar donde filosofar, el árbol un gran aliado y Vang Vieng digno de conocer.
      Un abrazo
      La Familia Trotamundos

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