Un fin de semana entre amigos

Fue un fin de semana con una gran variedad de acontecimientos, el recorrido fue intenso, nuestro destino final era Mindo. No obstante teníamos que hacer varias paradas en el camino. Queríamos conocer la comunidad indígena de los Tsáchilas en Santo Domingo. Galo tenia una reunión en Santa María con un equipo de futbol local, con el fin de captar niños aficionados al futbol, dándoles la oportunidad de que puedan ser seleccionados para jugar en equipos de futbol semiprofesionales, enfatizando la importancia del deporte, del trabajo en equipo y sobretodo su educación. 

Galo es un personaje asombroso, diríase un caballero a la  antigua usanza, o bien un idealista moderno. Tiene tanto de caballero, en su forma, en su porte, en sus conversaciones, como de idealista, en sus creencias, en su inconformismo, en esa manera propia de luchar contra el sistema y aportar con fuerza sus creencias. Lorena, “su amor”, es una mujer estupenda, bella, serena, implicada en las causas de sociales, en la humanidad, absorta en la fotografía, en plasmar gotas de agua y amante del cacao, el cual nos mostró en ese viaje desde su interior.

El camino desde Quito hasta Santa María es precioso. El paisaje va cambiando a medida que te alejas de la ciudad, los verdes cada vez son más intensos. Paramos en uno de los pueblos donde trabajaban las melcochas, unos dulces típicos de la zona, amasando el caramelo lanzándolo hacia un gancho, ablandando la pegajosa masa en cada vuelta que daban. Era de lo mas atractivo, nos fascinaba su movimiento.

El dulce nos recordaba los largos cabellos dorados de la princesa Rapunzel. No fuimos capaces de irnos sin comprar alguno de los productos que exponían, con solo verlos se nos hacia la boca agua.

–          ¡Guau! que olorcito mas rico, dan ganas de comérselo todo.- Ishi y Noa salivando no dejaban de mirar asombrados como amasaban el dulce.

Cruzamos una laguna a bordo de una gabarra,  que utilizan para pasar los vehículos de un lado a otro. El paseo no dejaba de sorprendernos. Seguimos camino, comiendo dulces, charlando, riendo, dándonos la oportunidad de conocernos a través de una lengua común, el interés de los unos por los otros. Finalmente llegamos a la comunidad de Santo Domingo de los Tsáchilas.

 Visita a la comunidad de  los Tsáchilas

Los tsáchilas son un grupo étnico, cuyos integrantes se encuentran distribuidos en los asentamientos rurales de Chiguilpe, Otongo, Mapalí, Peripa, el Poste, El Bua, Congoma y Naranjos. Son una de las pocas culturas antecedentes a los Incas. Luchan por defender su herencia cultural, amenazados con su extinción. Como grupo minoritario, es admirable como consiguen preservar su cultura  a pesar de la presión exterior constante y de este mundo global que muchas veces no pone la atención debida a grupos minoritarios similares. Como comunidad preservan características propias, tradiciones ancestrales, el ritual de la ayahuasca, la elaboración de la chicha, etc. Una manera de vivir diferente, así como su forma de relacionarse con su entorno, dando importancia a la madre tierra, a los chamanes, grandes conocedores de las plantas medicinales y de sus poderes de sanación espiritual y física.

Su organización social esta basada en el respeto al trabajo colectivo y la organización comunal. Entre los rasgos más distinguidos de esta cultura se encuentran su lengua el Tsa’fiqui, que se traduce al español como “la verdadera lengua¨. Son conocidos por la costumbre de los integrantes del sexo masculino de recortar y teñir su cabello de rojo, rasgo por el cual también son conocidos como “colorados”. No obstante el término a nivel comunitario es considerado despectivo e ignorante. La explicación a dicha costumbre tiene un aspecto espiritual muy profundo.

Lorena pidió si le podían proporcionar cacao. Uno de los compañeros tsachilas desapareció al interior de una plantación y regreso con esa fruta abierta y cortada en dos pedazos, preparada para ser disfrutada. Mientras, Ángel y  Galo explicaron a la comunidad el motivo de nuestro viaje y la posibilidad de que participasen en los talleres educativos, dando la oportunidad de dar a conocer al mundo su cultura.

Lorena, Ishi, Noa y Yo observábamos la evolución de la reunión saboreando el cacao. El cacao como fruta nos tiene maravillados. Su color a medida que va madurando cambia a unas tonalidades que me recuerdan los colores del otoño, rojizos, amarillentos. La forma del cacao es absolutamente deslumbrante, su belleza no solo radica en su forma, lo es todo, la textura, el color, el olor que desprende sin siquiera abrirla. Y una vez abierta, con ese suave “crecc”, te embriagas con el tesoro que guarda en su interior, pepitas rodeadas de una gelatina blanca que tras saborear una primera vez nunca podrás olvidarte de esta prodigiosa y exótica fruta. Al igual que nunca podremos olvidar a esta cautivante comunidad.

Erase una vez Mindo

Llegamos a Mindo ya de noche, no habíamos reservado hotel, pero dimos con uno la mar de simpático, donde las habitaciones eran cabañas de madera que embriagaban con su suave olor, parecían casas diminutas de chocolate, tanto en su interior como en su exterior. Como os he comentado el día había sido muy largo así que caímos rendidos solo al primer contacto con las sabanas, un cielo lleno de estrellas acuno nuestros sueños.

El pueblo de Mindo esta localizado a dos horas y media de Quito, posee una belleza natural, un paraíso a pocas horas de la capital. El lugar destaca por su tranquilidad, ubicado en un valle rodeado de 19.000 hectáreas de bosque primario y secundario.  La fauna que habita cuenta con unas 500 variedades de pájaros y unos 40 tipos de mariposas, además de 170 especies de orquídeas.

Como es lógico es un lugar especial para la observación de aves, colibríes, el famoso Gallo de Peña, de color rojo brillante, que construye sus nidos en las vertiginosas paredes verticales de los cañones selváticos, tucanes, quetzales, carpinteros y numerosas aves de vistosos colores.

Las orquídeas, bromeliads, heliconias, helechos, vides, musgos y líquenes crecen en la abundancia aquí. Una gran variedad, única en esta región de America del Sur.  Mindo es conocido internacionalmente como “vida de pájaro o pájaro importante” por su flora excepcional, por su maravillosa fauna y botánica. Todo ello considerado vital para el desarrollo del turismo ecológico. Es increíble cerrar los ojos y escuchar el sonido que te envuelve alrededor, embriagarte con los olores y gozar abriendo los ojos en ese arcoíris de colores.

Iniciativa Mindo lindo

Durante el fin de semana en Mindo, Lorena y Galo nos presentaron a Pedro, ecuatoriano, y Heike, alemana, y sus hijas Edith de 11 años y Manuela de 8 años. Compartimos experiencias e inquietudes al calor de una taza de madreluisa. La familia vive en Mindo, muy comprometidos con la conservación de la biodiversidad y siendo consecuentes con ella. Os invitamos a conocerlos un poco mas.

http://www.mindolindo.com

Deslizándonos a través de la selva:

El bosque protector Mindo-Nambillo está ubicado a sólo unos minutos de los alojamientos locales. Sus 19.200 hectáreas, abarca desde la pluviselva subtropical húmeda hasta las paredes empinadas del Guagua Pichincha (sobre los 4.000m). Quisimos probar una experiencia nueva, el Canopy. Es un nuevo deporte en el cual puedes disfrutar del entorno natural que te rodea desde las alturas, sin ser intrusos del medio natural.

Los cables abarcan una gran área subtropical, puedes adentrarte mágicamente en la selva, interfiriendo mínimamente en ella, acompañados por dos expertos que aman el deporte y esa biodiversidad que te hace vibrar sin darte cuenta.

–          ¡dabadabaduuuuu! que alucinante, pero que espectáculo, joder esto es precioso!!!.- cada cual se deslizaba de un modo peculiar, pero todos coincidimos en que fue una autentica gozada.

Pasamos unas horas apasionantes, dejándonos deslizar, bien equipados, entre un paisaje espectacular en el cual podías sumergir tus pensamientos mas profundos y dejar que la adrenalina hiciese fruto en ellos.

Entre mariposas y colibrís

Desde que entras al lugar, te ves trasladado a un universo desconocido, la naturaleza te rodea, la puedes palpar tan de cerca que incluso puedes imaginar ser un colibrí volando en esa majestuosidad, en ese movimiento tan fascinante que te cautiva no tan solo por su colorido, por su vuelo, sino por la fragilidad que esconde, por la belleza que desprende al ver la delicadeza al libar las flores. Una vez consigues traspasar la zona donde habitan los colibrís, te adentras en una habitación que te deja aun mas asombrada. Corres una cortina y un sinfín de mariposas de infinitos colores vuelan libres entre las flores. Nos mostraron  donde todo su ciclo de vida, nos encantamos con la gran variedad y colorido de las mariposas diurnas de este valle encantado que es Mindo.

–          Yo me quiero poner una en la nariz.- Decía Ishi tras descubrir como hacer que las mariposas posasen en sus manos.

–          Aita a mi me da miedo.- Noa protestaba inquieta.

–          No tengas miedo Noa, yo te muestro como hacerlo, veras que hermoso.- Le tranquilizaba Lorena.

Bailamos junto con las mariposas en un universo lleno de elegancia, donde el tiempo paso fugaz.

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