Cruzando la frontera “tico” – panameña

Ya en San José y tras mirar de nuevo en internet como evolucionaba la potente borrasca, decidimos que adelantábamos nuestro viaje a Panamá con la esperanza de que la situación climatológica mejorase en el país vecino.

Tiendo a pensar que las vidas de las personas muchas veces están entrelazadas, el universo es increíble y las sorpresas que te depara la vida son siempre inesperadas. Increíblemente al llegar a la parada central de autobuses en San Jose para coger el autobús, nos cruzamos inevitablemente con Ana que regresaba a San José.

–          Mami mira,es Ana con aita.- Gritaron los niños.

Desde al autobús agitamos las manos, la ventanilla estaba mojada con pequeñas gotitas de agua, que alegría podernos despedir finalmente. El viaje era largo y decidimos dormir en  Sixaola, el último pueblo que encuentras antes de pasar la frontera de Costa Rica con Panamá. Las puertas del autobús se abrieron, los niños dormían, nos dijeron que ya habíamos llegado.

–          Por favor, nos podría indicar donde están las Cabañas Sánchez?.- Preguntó Ángel directamente al autobusero.

–          Lo siento pero esa no es mi función.- Contestó quedándose tan ancho.

–          Bueno, bueno, ya se lo encontrara, que sepa que finalmente uno recibe aquello que da.- Renegaba Ángel con el conductor.

El autobusero no era muy simpático que digamos y nos dejo en medio de un pueblo, de nombre Sixaola, con no muy buena pinta, con Noa dormida en mis brazos, Ishi “ko” técnico, pues era tardísimo y Ángel cargando con las dos mochilas y las mochilitas de los niños. Seguía lloviendo.

Un hombre se apiado de nosotros y nos acompañó a las cabañas. Pasamos en la oscuridad a través de varias calles, cada cual mas deprimente, al cruzar debajo de un puente mas oscuro, no lo teníamos del todo muy claro, supongo que nuestras miradas nos delataron, pues el pobre hombre, nos decía, no desconfíen, no va a pasar nada, síganme, soy amigo.

Llegamos un tanto empapados, a un lugar increíblemente espectacular, no se si cabaña o antro, en fin uno de los lugares más espantosos en los que he llegado a dormir, pero al fin y al cabo un lugar donde cobijarnos. Ahora, al recordar la anécdota nos desternillamos.

Al llegar a la puerta, un sapo enorme nos esperaba. La verdad es que no habíamos visto uno de mayor tamaño en nuestra vida. Ángel nos dijo, cuidado al abrir la puerta no vaya a entrar.

–          Mierda, que avanza directo, eh!!! tu no, no pases.- Chillamos

–        Socorro mami, que bicho es ese- Decía Noa que finalmente había despertado entre tanto alboroto.

Sigo diciendo, que a mi los reptiles y anfibios no son santo de mi devoción. Creo recordar que de pequeña, coger sapos entre mis manos era uno de mis hobbies, al menos es lo que me explica mi madre. Ishi, Noa y yo subimos rápidamente a la cama, dirigiendo a Ángel como conseguir que sacase el viscoso sapazo de la habitación.

–          Ahhh! Les entro el sapo.- Contesto el dueño del lugar como si el sapo formase parte del equipamiento.

A la mañana siguiente, mientras Ángel se afeitaba y yo me duchaba, bajo mis pies caía un líquido blanquecino lleno de pelos muy cortos. Vaya asco!!! Finalmente, nos dimos cuenta que la pica comunicaba directamente al pie de la ducha y el jabón y barba de Ángel estaba cayendo mientras me duchaba.

–          Mami, mami, nuestras maletas y las bolsas están invadidas de hormigas.- Decían los niños.

–          Que pena con ustedes, que pena. Tengo un producto muy bueno para las hormigas. Si quieren que les consuele, aquí en mi país, decimos que las hormigas traen suerte pues nos indican cuando va haber inundaciones, así que están bien bendecidos.- Dijo el señor al pedirle un insecticida.

Tardamos una hora exacta de reloj para conseguir quitar cada una de las infinitas hormigas que nos habían invadido. No sé que fue lo que les interesaría con tanto ahínco, pues las ultimas provisiones las habíamos gastado en el autobús. Misterios de la naturaleza. La frontera de Costa Rica-Panamá nos estaba esperando.

Divisando Panamá desde su frontera.

Un taxi nos llevo a la frontera, pasaportes en mano, maletas y demás mochilitas. El traqueteo propio de la familia trotamundos cuando decide que es tiempo de cambiar de rumbo. La verdad es que ya teníamos ganas de llegar a un hotel en condiciones y descansar tras tanta andanza. Como digo muchas veces, los niños son un buen punto de información para saber que rumbo hay que tomar, y esta vez ambos indicaban que querían unos días de no hacer nada, lo cual conlleva ningún movimiento concreto.

Por fin en la frontera, nos apeamos del taxi, conseguimos los papeles a rellenar en la garita de aduanas. Crucen el puente, y verán el siguiente control.

–          Dios mio!!!, que puente, niños atentos, tened mucho cuidado. Ishi de la mano de Noa, no la sueltes ni un momento, poquito a poco, sin prisas.- Les decía sin cansarme con las dos manos sujetando la mochila que cargaba sobre mi cabeza.

–          Jajaja, la mami ya va al estilo de Chichicastenango.– Se reía Noa sin sentir ningún peligro.

–          Si mami, no te preocupes, yo la tengo bien cogida de la mano. Noa no pises ningún agujero.- Me contestó Ishi contento de tener una función tan importante.

Cuenta la leyenda callejera que el puente ha caído en varias ocasiones y por ello están construyendo uno nuevo. Es un puente que cruza el río Sixaola, esta construido con madera y hierro, pero el deterioro sobretodo del suelo es escalofriante.  Solo puede pasar un vehículo  por la angostura del puente y por cuestiones de peso, hasta que no termina de pasar este no dejan circular al siguiente sea en el sentido que sea, para evitar posibles accidentes. Los transeúntes que circulan de un lado a otro de la frontera, van avanzando sorteando toda clase de obstáculos y agujeros por el que Noa os aseguro que cabía. Avanzamos pisando huevos, tanteando el terreno y teniendo muy en cuenta donde pisaba la niña. Finalmente llegamos al lado panameño.

–          Señor,  yo le dejo pasar si me promete dos cosas: una que no se divorcie y se lie con otras mujeres y segundo que cuide de su familia.- Contestaba guasón, el aduanero panameño que atendió a Angel, sellando los pasaportes.

–          En cuanto vea a mi mujer se dará cuenta de que no tengo ninguna intención de la primera y el cuidado de mi familia siempre ha sido algo que considero prioritario, así que creo cumplir ambos requisitos.- Contesto Ángel alegremente guiñándole un ojo.

–          Que te ha dicho Ángel?.- Le decía desde lejos, pues me había quedado apartada con los niños y las maletas.

–          Nada nada, que finalmente pasamos la frontera.- Contestó.

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