Los Ángeles. Mucho más que Hollywood Boulevard

Sunset Beach. En busca de lugares nunca olvidados

Érase una vez un lugar de playa, cerca de Los Ángeles, llamado Sunset Beach. Un lugar que conocí a mis 22 años. Entusiasmada, ilusionada, con ganas de reencontrarme con Peter,   un chico américo-mejicano, 8 años mayor que yo, a quien había conocido en Barcelona, tomando unas clases de inglés. Con el tiempo, de profesor paso a ser un gran amigo y progresivamente me fue conquistando.

Una persona de aquellas por los que cruzas océanos sin pensar más allá, sin importarte el qué dirán, sin dar más explicaciones, sin imaginar cómo hare, de que viviré. Simplemente dejándote llevar por esa intensidad que te recorre al escuchar su voz, al leer una de sus cartas, al escucharle cantar, al saber que podrás de nuevo verle  y sentirle a tu lado, besarle, abrazarle, reír a mansalva, conversar y conversar hasta agotar cada uno de los temas. Quedarte dormida entre sus brazos y volver a sentir que todo fluye sin contratiempos, con armonía, con ganas de conocer el mundo y saborear de ese amor que no te deja respirar.

Era joven y con poca experiencia, fueron seis meses intensos, los cuales me hicieron madurar. Abrí los ojos y descubrí que a pesar de mi acostumbrado optimismo hacia la vida y hacia lo que me rodea, no todo es tan fácil, que la ilusión no es suficiente, que la verdadera amistad no te defrauda y siempre está allí, que los conocidos no siempre son amigos, pero que alguien que crees un simple conocido puede sorprenderte. Me dolió comprobar que el amor puede tener fin sin tu quererlo, y que las raíces y tu familia son uno de los mejores pilares en los que apoyarte cuando tus lagrimas no te dejan ver las estrellas.

Ahora, estaba en el mismo lugar, la misma calle, años más tarde, con mis hijos, con Angel, con unos cuantos años más y explicándoles mis locuras de los 22. Regresé a Sunset Beach recorriendo mil lugares por los que había paseado, su playa, su sol, la luz, ese olor a mar y “The little house”, la pequeña casa situada en la 5th Street, donde había aprendido a base de tropezones, y donde guardaba muy buenos recuerdos. Me encanto poder volver a conversar con mis antiguos vecinos: el dulce y cálido Dan, y el misterioso Dave a quien encontré saliendo de su casa, reconociéndonos mutuamente y sorprendiéndonos en ese regreso al pasado.

Como en casa. Patty, Garry  & Shea

Vimos a dos niñas en un patio subidas a un árbol. El magnetismo entre ellas se observaba sin escucharlas, armonizaban en su vaivén conquistando la copa. Shea, la hija de Patty, lucía un hermoso pelo largo con un suave tinte azulado, se había tintado el pelo disfrazándose en el cole, y ahora por muchos lavados no conseguía eliminar el azul en su totalidad. Al explicarlo, su cara se ponía un tanto triste. Es una niña hermosa y con una dulzura que conquista sin más.

–          Mam, do you think someday it will disappear?- preguntaba Shea incrédula tras su cuarto lavado de cabello y sin el resultado esperado.

Patty nos abrió la puerta. Desde el primer momento su naturalidad, su alegría, su ingeniosa locura y su acogida sincera nos dieron rienda suelta a conversar desde que llegamos hasta que nos despedimos días después. Garry, su marido, es un hombre que conquista, carismático, muy agradable, de aquellas personas que sabe estar pendiente de cualquier detalle que te hace sentir parte del grupo.

Shea, Ishi y Noa congeniaron al igual que nosotros desde que iniciaron el ascenso al árbol en el que seguían Shea y su amiga. Así que sus risas espontaneas y sus juegos nos alegraron y permitieron poder disponer más tiempo para nosotros, pues muchas de las veces ni sabíamos que existían, distraídos en sus juegos.

Como describiros nuestra estancia en Los Ángeles?, la verdad es que fue en definitiva espectacular. La realidad es que Los Ángeles en sí, a mi modo de ver es una ciudad en la que nunca viviría, pues le falta ese magnetismo que logra conquistarme, y le sobra esa energía que logra ponerme los pelos de punta y consigue estresarme. Quizás sea ignorancia, o me haría falta pasar una larga temporada para poder apreciar de veras su esencia.

La clave de la poción mágica que hizo que todo se transformase fue la familia que nos acogió aquellos días. Una familia de tres, un número mágico en cuanto a convivencia, puesto que tres y cuatro suman siete. Siete es la unidad universal en la interpretación griega de los números.

El barrio en el que viven tiene un encanto especial, no son las mansiones lujosas que todo el mundo espera encontrar en Los Ángeles. Los medios televisivos siempre tergiversan la realidad. Quien no relaciona esta ciudad con Hollywood y las grandes estrellas, por las cuales parece que nunca pasa la edad y que están exentos de los particulares problemas que invaden al resto de la humanidad. Digamos que la pasión que transmitía el barrio eran sus casas con cierta antigüedad, cada una con su estilo propio y su magnetismo, paseando por sus aceras, caminando en un ambiente cosmopolita, emigrantes, bohemios unidos  en una cálida convivencia. Un vecindario increíble, donde celebrar un cumpleaños, puede convertirse en una noche adorable que no quieres que llegue a su fin. Todo ello combinado con esa fascinante familia con la que compartimos el día a día, lográndonos hacer sentir como en casa y entre amigos.

Hollywood Boulevard. Caminando entre estrellas

Desayunos, comidas, meriendas, cenas. Los alimentos, cada cual en su forma y sabor particular, el cocinarlos con delicadeza, poner cariño e ilusión. Cuando  realizas una de tus recetas bailando, cuando pretendes que de la combinación de cada uno de ellos surja algo delicioso, cuando te pones manos a la obra, consigues lo mejor de cada uno. En realidad, el fin en sí mismo no es disfrutar de ese plato exquisito sino disfrutar de él en buena compañía. Un mismo trozo de pan compartido con tu mejor amigo tiene un sabor diferente y te alimenta mejor, en cuerpo y alma.

Tras el desayuno Patty y Shea decidieron ser nuestras guías para visitar el paseo de la fama. El paseo transcurre de este a oeste en el Hollywood Boulevard, desde la calle Gower hasta la Av. La Brea y de Norte a Sur, en la calle Vin entre Yucca Street y Sunset Boulevard.

Las estrellas se suceden en la acera, estrellas de cinco puntas. El nombre de la persona homenajeada se encuentra en el centro de la misma con fondo rosado y un emblema redondo, indicando la categoría por la que se le concedió la estrella: un micrófono, una máscara tragicómica, una cámara cinematográfica…

–          Mirad la de King Kong. Caray!!! como le hicieron poner su huella aquí, a lo mejor nos lo encontramos- comentaba Ishi asustando a su hermana.

–          Shea, Noa!!! vamos donde Shrek, guau que chulada- seguía Ishi entusiasmado.

Patty y yo disfrutamos cuando dimos con las manos y pies de George Cloony. Que tendrá este hombre que seduce todo tipo de mujeres?. Ángel reía al observarnos. Hay un sinfín de hombres, para todo tipo de gustos y colores. Mujeres con apetencias muy diversas, así que para que discutir, uno puede ponerse de acuerdo al decidirse, pero con George Cloony una no esta tan segura.

Ahora en serio, si das rienda a tu imaginación el paseo de la fama puede ser un lugar muy entretenido, y con buena compañía siempre ríes más.  Acabamos en un centro comercial, tras comprar dos postales de Hollywood que los niños querían enviar a cada una de sus clases.

–          Esta es la mía Aita.- Noa dibujo un enorme corazón de color rojo para sus amigos de la clase de las estrellas.

–          Como se escribe Hollywood.– decía Ishi sentado en una mesa con su postal y boli en mano.

En una plaza central descubrieron unos chorros de agua que salían del suelo. Los niños tomaron la iniciativa, era una mañana calurosa y el sol brillaba intenso. Tímidamente iban sorteando las líneas de agua, riéndose cuando alguna conseguía hacer diana. Nosotros observábamos sentados en un banco. Que energía verles correr en su movimiento incierto a través del laberinto acuático.

Acabaron los tres empapados, Ishi y Shea se estiraron al sol, pero Noa más pequeña y sin vergüenzas, antes de estirarse me pidió que le sacase su ropa, corralillos de agua iban resbalando por sus pies formando un charco a su lado.

–          Sorry lady is this girl naked your daughter? (Disculpa señora es esa niña que va desnuda su hija)-me dijo una policía con cara de pocos amigos.

–          Sorry.- me quede sin palabras, mi hija y desnuda, no me dio tiempo a reaccionar y siguió en su perfecto inglés y seriamente prácticamente sin gesticular.

–          Tendría que vestirla inmediatamente, no sabe que podríamos estar rodeados de pedófilos.- insistió sin más.

–          Disculpe pero no está desnuda, su ropa está plenamente mojada y se está secando al sol, y estoy a su lado, pero no se preocupe que ya la visto……- conteste esta vez, no enmudeciéndome pero sorprendentemente atragantada con el discurso, no daba crédito a lo que escuchaba.

–          Mami porque me vistes si esto esta empapado, déjame secarme al sol.– escuchaba la voz de Noa con toda la razón y sin saber que responderle.

En fin al principio dijo que mi hija era demasiado mayor para ir en ropa interior, pero luego fue avisando a cada uno de los padres con niños incluso con panal transmitiéndoles el mismo mensaje. Me pareció un tanto exagerado. De acuerdo que la pedofilia existe y la perversión también, pero demos un voto de confianza a este mundo y dejemos que los niños puedan disfrutar de un poco de agua sin tanto puritanismo. A veces el mundo adulto complica tanto las cosas, que pena.

Seguimos camino de regreso y disfrutamos de un sabroso helado en un lugar con encanto muy cerca de casa. El día llegaba a su fin, los pijamas nos esperaban y el consiguiente desfile de cepillos de dientes, cuentos, besos de buenas noches y rutinas antes de sucumbir al sueño.

Disneyland. El país de la ilusión donde todo es posible

Los nervios estaban a flor de piel, los niños estaban muy nerviosos pensando en el día siguiente. Shea tenía que ir al colegio, y no podía hacer  novillos. Ya había faltado uno de los días acompañándonos. Pero participo antes de irse a dormir.

–          Seguro que mañana conoceré a Mickey Mouse Aita. Me peinaras bien guapa mami – pregunto Noa con cara entusiasmada.

–          Si quieres te hago una mecha de color azul Noa.- comento Shea todavía con su cabello ligeramente azulado.

Noa se durmió fascinada con su mecha azulada, Ishi no paraba de conversar y nosotros definitivamente tuvimos que poner orden diciéndoles que si no se dormían al día siguiente no podrían disfrutar de lo cansados que estarían.

Disneyland estaba disfrazado de Halloween. Durante el año el decorado del lugar va transformándose, debe ser precioso realizar un pase de diapositivas o de filmaciones en el que puedas ver a cámara rápida su transformación dependiendo de la temática. Este mundo mágico da pie a todo tipo de acontecimientos y es increíble si conectas de nuevo con el niño que llevas dentro. Las actuaciones que realizan te sumergen en un país en el que todo es posible. Me recuerda a la película de Mary Poppins cuando al lado de su amigo el deshollinador salta al interior de un paisaje pintado en la acera y consiguen introducirse en él y disfrutar de una aventura sin fin.

Que decir, no pienso que el lugar sea mágico solo para los niños, sino una tierra de encanto donde ambos pueden reencontrarse y hacer cualquier sueño realidad. Donde el presente, el pasado y el futuro se unen a la perfección sonriendo en ese equilibrio conseguido.

Donde Mickey Mouse se hace tu amigo dándote la mano,  Tom Sawer aparece jugando con Huckleberry Finn, puedes imaginarte cantando junto a los piratas, volar sobre la cabeza de Dumbo, y danzar junto con Alicia en su país de las Maravillas, ayudar a Buzz Lightyear en su nueva azaña,  la dulzura de Little World te transporta….. tanta belleza, que puedes confundir fantasía y realidad.

–          Mami has visto su nariz que divertida, me sonríe a mi.- expresaba Noa embelesada por Mickey y su hogar.

–          Has visto aita la nave de la guerra de las galaxias, casi nos estrellamos, fuaaaa.- comento Ishi al descender de la nave y quitarse las gafas en 3D.

Mientras la ciudad sigue su ritmo: bandas de música, desfiles, actuaciones, carruajes de cuentos de hadas tirados por caballos, las tiendas detalladamente diseñadas, los puestos de churros con canela y azúcar……

Los fuegos artificiales estaban casi finalizando, la noche se nos echó encima, Ishi quiso entrar en una tiendecita para comprar unas chuches para Shea. Pasen y vean señores, señoras, papas y mamas, niños y niñas…. el espectáculo continúa, mientras la imaginación siga en curso nunca veremos su fin. Buenas noches DisneyLand, gracias por profundizar en la magia, en la fantasía, en la ilusión y creer en lo maravilloso del mundo.

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3 respuestas a Los Ángeles. Mucho más que Hollywood Boulevard

  1. Peter dijo:

    I’ve been following (but you probably already know that), wondering if you would go there, that beach and that little house, and what you would say about it.

    Timshel, old friend.

    You have a lovely family. Enjoy the rest of your trip.

    “And I feel that I am a man. And I feel that a man is a very important thing—maybe more important than a star. This is not theology. I have no bent toward gods. But I have a new love for that glittering instrument, the human soul. It is a lovely and unique thing in the universe. …for in his weakness and his filth and his murder of his brother, man has still the great choice. He can choose his course and fight it through and win.”

    John Steinbeck–East of Eden

    ps: 7 years, not 8….

  2. Marta dijo:

    Hola de nuevo!!

    Aquí sigo enganchada a tu blog, qué bonito lo cuentas!!!
    No tengo Skype pero, según se acerque el momento del viaje y nos ahoguemos con las dudas lo harè…
    Es curioso porque esta misma mañana, a la salida del cole (vivimos en Lanzarote), hacía mucho calor y, de la forma más natural mi hijo de 5 años y su amiga de la clase se han ido mojando con sus botellas de agua y desnudando y partiéndose de risa… También los padres…Y hace un momento, ya en la cama, mi marido y yo hemos hablado de si hay que tener o no cuidado con las fotos…Es terrible que el policía te dijera eso, es terrible que pasen esas cosas y terrible también robarles a los peques la espontaneidad.
    Voy a seguir leyendo! Gracias por tu relato

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