Sequoia National Park. Tierra de gigantes

El ecosistema de las secuoyas sigue un ciclo complicado. Estas son famosas por su sistema reproductivo y por su capacidad de sobrevivir a los incendios, dado que su madera y corteza son resistentes al fuego. Al internarte en sus bosques puedes ver las marcas del fuego en el tronco de los árboles, grandes y sanos, los cuales atestiguan como sobrevivieron numerosos incendios. Es interesante la manera que tiene de reproducirse. Las diminutas semillas de los arboles necesitan un suelo rico en minerales y desnudo para poder germinar, necesitan de la luz solar que penetra a través de la cobertura vegetal abierta por el fuego.

Con el control de los incendios, se frenó su reproducción, hecho que todavía me asombra, y fue este el motivo por el cual actualmente el Servicio de Parques Naturales provoca incendios controlados para conseguir  y mejorar la salud del bosque.

Giant Forest. Árboles de medida colosal

Nos  adentramos en un mundo fantástico desde que vimos la primera secuoya. La altura de los arboles impresiona, pero lo que te deja perplejo es la dimensión de su tronco además de una preciosa tonalidad desde sus raíces hasta su copa más alta. El nombre con el que asignan a cada árbol queda plenamente determinado por su aspecto: General Sherman, The President, The Senate, Tunel log…

– Caray Ángel esto es realmente precioso, dan ganas de abrazarte a su tronco con cada paso que das- Comente.

Caminamos por los senderos que se adentraban zigzagueando en la profundidad del bosque. La serenidad que te envuelve está presente  en cada rincón.

– Mami, Aita, habeis visto que pasada, pero que comen estos árboles?, como pueden ser tan gigantes?- se preguntaba Ishi.

Vamos a darles un gran abrazo, jajaja- Como siempre la amorosa Noa ávida por los abrazos, dibujaba corazones en el suelo.

Nos abrazamos a su tronco, nos sujetamos las manos estirando bien fuerte, las puntas de los dedos rozando ligeramente, pero aun así no llegábamos ni de lejos a cerrar el círculo.

Musgo fagocitando en sus ramas, recorriendo su cuerpo, acariciándose, complicidad de la naturaleza. Cada uno de nosotros en su mundo rodeado de colores, olores y variedad de cobertura vegetal. Una rama cayendo, que impresión, el sonido al chocar contra el suelo.

Subimos por un tronco caído, utilizándolo de tobogán, resbalamos por su corteza, desgarrón en el pantalón, reímos en el camino, batallas entre generales, asistimos a un juicio en El Senado, buscamos entre las raíces una casa de gnomos que desprendía en su chimenea una nube de humo gris  y encontramos entre flores al hada de los bosques que nos sonrió mostrándonos un gran secreto.

De repente, un extraño. Un oso atraído por el olor de la comida

Vaya susto me di cuando a lo lejos divisamos un oso negro. Y eso que te vas acostumbrando tras haber recorrido diferentes parques o al menos es lo que quieres pensar. El adentrarme en un bosque siempre con la alarma de “cuidado con los osos” no es lo mío. Yo soy de esas que prefiere no pensar y disfrutar del lugar, pues sino, esa misma alarma no te deja saborearlo en toda su intensidad.

Por otro lado el oso dio una nota intrépida al paseo. Ishi se volvió como loco y Angel salió detrás de él con la cámara. Yo me quede rezagada con Noa en brazos.

– Aita corre vamos a seguir al oso, que bonito…- se emocionaba Ishi.

– Ishi, Angel queréis hacer el favor de volver, ya le vemos desde aquí…pero que os pasa?..es un oso- gritaba yo intranquila.

-Mami, súbeme a caballito- Noa reclamaba al escuchar la palabra oso.

La subí casi sin haber escuchado su reclamo. Sus piernas se aferraron a mi cintura. No sé cuándo los niños dejan de tener ese instinto claro de supervivencia. La reacción de mis hijos fue totalmente diferente. Ishi lo había perdido por completo con la búsqueda del oso y parece ser que la cámara te da también una aurea protectora pues Angel seguía al animal con gran tranquilidad. Lo curioso es que no solo eran Angel e ishi los que iban tras él, sino un grupo atrevido que poco a poco iban perdiendo su juicio y se acercaban mucho más de lo que considero aconsejable. Los guardabosques nos explicaron que cada año algún turista es atacado por un oso, lo cual no me sorprendió, y normalmente es por conducta inconsciente.

Me fascinan los animales en su medio natural, nada que ver con su andar triste en la cautividad de los zoos, por muy bien ambientados que estén. La pérdida de libertad es un hándicap, que me provoca siempre una sensación de tristeza al finalizar su visita. De nuevo me hace pensar que quien genera esa necesidad, vuelve a ser el ser humano  y esto conlleva el enjaular a los animales para que podamos disfrutarlos de cerca y con seguridad. Como consecuencia, les apartamos de su medio natural perdiendo así su libertad. Realmente vale la pena o puede haber una alternativa?

Un oso negro precioso recorría el sendero por el que anteriormente nos habíamos hecho unas fotos. Avanzaba lentamente, sin prisa alguna. Finalmente se sentó, saludando al General Sherman y apoyado en un tronco se rascaba la panza. Alzó su cabeza, olisqueo en el aire y rápidamente se abalanzó sobre un banco de madera en el que una pareja había dejado una mochila con los preparativos de su sabroso picnic. Podéis imaginar quien saboreo el festín encontrado…por supuesto, el señor Oso.

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