Tokio, hacia el país del sol naciente

Con el sabor latino en la boca

Nos despedimos de Buenos  Aires con cierta nostalgia. Hicimos escala en Santiago de chile, donde pasamos la noche en un hotelillo no muy recomendable,  lo cual no ayudaba nada con el sentimiento familiar que reinaba, un tanto desangelado. Pero al fin y al cabo teníamos que pasar la  noche, cargar pilas y tomar el avión que tras cubrir una larguísima distancia, y una escala en Sídney,  nos trasladaría hacia  Tokio.

Y sin darnos cuenta habían transcurrido un sinfín de andanzas en este bello continente americano. Y como todo hay un inicio y un fin, Canadá, EEUU, México, Cuba, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina, cada cual con sus particularidades nos había ofrecido realidades muy diversas, encuentros afortunados, relaciones asombrosas, paisajes de primera, kilómetros y kilómetros llenos de vivencias que la vida nos brindaba en nuestro incesable caminar. Y al hacer las maletas esta vez, nos dimos cuenta de que Noa e Ishi habían crecido de lo lindo. Las piernas de Noa cada vez mas larguiruchas,  el ratoncito Pérez había acudido a recoger varios de sus dientes de leche, Ishi necesitaba otro numero de zapatos, pues los dedos se resentían en esa bamba tan “regastada” tras tanto repiqueteo. Y aun sonando en nuestros oídos ese alegre barullo latino, esos abrazos especialmente cálidos, ese lindo hablar cantarín, nos despedimos desde las alturas en un último adiós. Caray! existen momentos en que los olores, sabores, colores, pasiones  y vivencias  se juntan y se expresan en una sola canción, y su melodía sonaba dulce, armónica, vital,  con un no sequé tan sentido que no te dejaba respirar.

Recién aterrizados hacia la embajada española

El viaje intercontinental fue largo, pero no se hizo para nada pesado, realmente la tecnología ha conseguido maravillas para poder distraerte en estos enormes aviones. Entre película y conversaciones, los snacks y las comidas iban desfilando, recuerdo seguir constantemente la luz de día, nubes esponjosas y disfrutar de esos rosados milagrosos que el sol puede transformar al desaparecer.

Un total de 14 horas de Santiago de Chile a Sídney  y 9 horas de Sídney  a Tokio. Llegamos a Tokyo a las seis de la mañana y fuimos del Aeropuerto al centro de Tokyo en autobús tal como nos había recomendado Jenny.

Una cola perfecta bajo un silencio espectral nos esperaba en la parada del autobús, con solo aterrizar y pisar el aeropuerto, ya te dabas cuenta de que todo era sutilmente diferente, organizado, pulido, armónico. Incluso nuestras voces con ese son increíblemente mas alto, y nuestros cuerpos moviéndose al expresar desentonaban bajo ese sigiloso estar.

-          Mira Noa estos señores están saludando al autobús, jajaja.- Ishi y Noa se inclinaban hacia adelante con los brazos pegados al cuerpo imitando a dos hombres que esperaban pacientemente que el autobús parase para colocar las maletas en el compartimento.

-          Si Ishi, impresiona verdad, veréis que en Japón el respeto, el orden, el silencio, la armonía, la disciplina se consideran esenciales. Su cultura tiene una manera muy propia de hacer las cosas.- Ángel intentaba explicar a los niños el porqué del saludo.

No se si fue una locura tras tantas horas de viaje, pero queríamos dejar solucionado el asunto de los pasaportes de los niños,  una cosa así solo se hace precisamente cuando llevas tantas horas de viaje. El autobús nos dejo en un hotel y allí a pesar de no tener alojamiento preguntamos si podían guardarnos las maletas, no tuvimos que insistir, rápidamente y con eficacia asombrosa las maletas habían desaparecido de nuestras manos, acostumbrados al típico batallar latino, nos quedamos sin palabras. Incluso el botones, en su perfecto uniforme nos acompañó hacia la salida más adecuada indicándonos como llegar a la embajada española.

-          Arigato, arigato- Nos despedimos de nuevo en ese lenguaje corporal que parece excesivo si tienes en cuenta lo poco que gesticulan ellos.

De  nuevo la suerte nos acompañaba, al entrar por la puerta de la embajada, un señor con traje y corbata nos saludo cordialmente “Hombre!!! una familia española”

-          ¿Os puedo ayudar en algo?, soy Miguel Ángel Navarro, embajador de España en Japón.- Nos tendió la mano y nos presento al cónsul, Eduardo otro español trabajando en la embajada.

Explicamos nuestra situación y el motivo de nuestro viaje. Conversamos durante un rato, tenían mas clientes que atender, y el  equipo  no solo fue de lo mas amable sino que nos traslado a España en un abrir y cerrar de ojos y agilizo los tramites con una rapidez inaudita. Hasta los japoneses que trabajaban con ellos tenían un no sequé español.

-          Jo, así da gusto. mil gracias por todo.- Nos despedimos contentos con el resultado y la calidez del trato.

Japón nos abre los ojos, aventuras en Tokio

Tokio, fue fundada hacia 1450 por el guerrero Ota Dokuan. No obstante existen vestigios de vida desde el siglo III a.c. Esta ciudad es fascinante, es la mayor ciudad del mundo, capital de las luces, donde los contrastes te pueden desbordar, siendo posible convivir la tradición milenaria japonesa y la más alta tecnología. Un laberinto de calles y grandes edificios, un ir y venir de una gran afluencia de personas vestidos en sus trajes más diversos, es sus creencias, en esa pirámide de valores tan particularmente nipona.

Los palillos y esa sabrosa cocina japonesa nos esperaban a la vuelta de la esquina. La comida japonesa  te seduce totalmente desde su elaborada presentación, su equilibrada composición y su exquisito sabor, color y olor. A veces es complicado decidirte por algún plato, sobretodo cuando desconoces el idioma y eres incapaz de distinguir que demonios contiene el nombre de las posibilidades del menú.

La cocina japonesa no es únicamente Shashimi, sushi o tempura, es mucho más completa y elaborada. Es una delicia dejarte llevar por tus sentidos y sumergirte de lleno en cualquier sugerencia. Cada uno de sus platos proporcionara a tu paladar el sabor  más delicado. Su gastronomía es un fiel reflejo de la cultura japonesa.

-          Se cogen así, pero como hago para que no se me resbale el arroz de entre los palillos.- Ishi y Noa se esforzaban dando vueltas entre sus dedos en esa nueva forma de llevar la comida a la boca.

Durmiendo entre piezas de Lego

Llamamos a Oskar, para saber a que hora quedamos en su casa. Desde el inicio de nuestras andanzas la familia sueca Fürstenbach se había puesto en contacto con nosotros, invitándonos a pasar unos días con ellos en el caso de que pasáramos por Tokio. Jenny, Oskar, Morten de 7 años & Mathias de 4 años viven en esta ciudad desde hace 2 años . La familia al completo nos dio una cálida bienvenida, entre cenas, consejos, juegos y ponernos al corriente de la cultura japonesa, a la cual estaban mas que adaptados. Fue una suerte poder contar con su ayuda pues íbamos mas perdidos que un pulpo en un garaje.

Nos pusieron al corriente, sin alarmarnos, de las altas probabilidades que teníamos de sentir un terremoto en Japón. La ciudad ha librado batallas constantes con los terremotos que han azotado Japón  a lo largo de la historia. Por ello, tanto su población como las construcciones se han adaptado para soportar fuertes temblores. De hecho es impresionante el equilibrio de respeto que consiguen entre naturaleza, belleza y su constante reto por convivir en armonía cuando esta les muestra su cara más adusta. Es un constante andar en la cuerda floja, con un caminar decidido, consciente, organizado y enérgico. Un caminar que se ha visto reflejado claramente tras el accidente de la central nuclear de Fukushima posterior al Tsunami de marzo del 2011,  su proceder durante todo ese periodo es digno de admiración.

Fue una suerte iniciar nuestros días en Japón, acompañados de esta familia, donde a parte de compartir nuestras vivencias y abrirnos las puertas de su hogar, nos adentramos en este mundo desconocido, sintiendo la presencia de cada uno de ellos que guió nuestros primeros pasos en Tokio.

-          Noa mira que habitación mas chula, hay un sinfín de piezas de lego, hacemos un castillo.- Los ojos de Ishi se iluminaron al descubrir la habitación donde íbamos a dormir, Mathias y Morten se unieron a la construcción.

Entre pescado y marisco

Estábamos del todo descontrolados con el jet lag, nos despertábamos de madrugada con los ojos como platos, sin ninguna intención de volverse a cerrar, “dichoso jet lag!!!”. Decidimos dejar en silencio la casa, y salir sigilosamente dejando que la nueva familia pudiese descansar sin tanto escándalo a esas horas intempestivas. El mercado de Sukiji, “Tsukiji fish market “, es el mayor mercado de pescado del mundo, y uno de los más grandes de alimentos en general. Fue impresionante y eso que no pudimos ver el despiece de los atunes, ya que el aforo es limitado y para coger número había que llegar allí a las 4:00 de la mañana según nos dijo un vigilante. Habiéndolo sabido de antemano, seguro hubiésemos llegado, pero preguntamos tarde, tras disfrutar de un fresco sushi acompañado con sopa de miso a modo de desayuno ¡guau, Que delicia!.

Los paquetes y cajas de pescado van circulando mediante unos vehículos un tanto extraños que se mueven ágiles, serpenteando por entre diferentes callejuelas, hay que tener cuidado, pues van con prisas en las entregas y  pongas donde te pongas siempre tienes la sensación de que a la que te descuides puedes interceder en su camino, y consecuentemente al entorpecerles te miran con cara de muy pocos amigos.

Los ojos van como locos, asombrados por el tamaño del marisco, de los atunes, de las diferentes especies de crustáceos, del sabor de las huevas, de la maestría de los vendedores al colocar sus mercancías, erizos, algas, peces globo, piezas de mejillones de tamaño descomunal…

Todavía con los sentidos desorbitados, tanto por el ajetreo del mercado como por los suculentos productos a la venta, paseamos por los alrededores camino del metro donde nos desplazamos hasta Akihabara,  barrio conocido como “la ciudad eléctrica”. Diríase una sub-ciudad tecnológica donde cualquier pieza electrónica puede resultar un algo especializado. Es impresionante la diversidad con la que te encuentras, videojuegos, robots, aparatos electrónicos, centenares de tiendas y locales especializados. Lugar donde las tribus urbanas se desenvuelven en un hábitat natural compartido, nerds, frikis, otakus… y un sinfín de grupos que sintonizan con diferentes movimientos culturales que ni sabia de su existencia.

Fue un día de lo mas distraído, al llegar a casa caímos agotados aun sintiendo no saber donde habíamos aterrizado.

- Que mundo en el que vivimos, verdad aita.- Ishi se dormía explicando las anécdotas del día.

Divinos lugares, llenos de armonía

Si bien es cierto que Tokio es un fiel reflejo del enorme desarrollo que goza desde el final de la II Guerra Mundial, convirtiéndose en un importante centro financiero y tecnológico, también es cierto que no olvidan la importancia de convivir en armonía con la naturaleza. Encontrando la posibilidad de gozar de un sinfín de parques donde disfrutar de hermosos jardines, cuidados hasta el más ultimo detalle.

De esta forma descubrimos el palacio imperial, donde coincidimos con la salida del coche oficial del emperador y su familia, de hecho su residencia esta rodeada por frondosos jardines donde poder pasear.

 –          Noa, Ishi mirad al emperador de Japón y a la emperatriz, los veis allí, en ese coche, los que nos saludan.- Ishi y Noa en seguida levantaron sus manos diciéndoles adiós.

Increíble pero cierto, si hubiésemos ideado de antemano, no hubiese sido posible. Mas tarde nos desplazamos al parque Shinyuku Gyoen, donde las familias japonesas disfrutaban del domingo. Un poco de gimnasia, un partidito de fútbol, niños jugando a saltar la comba, magnificas burbujas de jabón, manteles dispuestos en la hierba daban pie a diferentes escenas familiares.

Para la cultura japonesa la vida es un continuo juego de opuestos, nacer y morir, blanco y negro, ying y yang. Opuestos que se complementan en un fluir constante en esa eterna relación entre el día y la noche. El paisajismo japonés tiene una fuerte base en el feng shui, intentando encontrar un equilibrio natural entre las energías del lugar, externas e internas. Piedras, arbustos, flores, plantas, rocas, el fluir del agua en ese eterno avance, las carpas, las tortugas… Sobriedad y elegancia, equilibrio y destreza siempre dotado de una gran simplicidad cargada de estética.

Con vistas a la ciudad desde el piso 45

El estar a diferente altura da pie a percibir los espacios desde perspectivas variadas. Ishi  en ese intento de parecerse a y seguir los pasos de su aita, de vez en cuando coge su cámara y fotografía diferentes momentos, quizás Ángel tiene fotos similares pero la altura y perspectiva desde donde se captan los mismos momentos varían y la foto queda enmarcada desde un ángulo distinto, lo cual identifica a su autor.

-            Hoy veremos Tokio desde las alturas.- Ángel nos lo anunció en el desayuno.

-           Volaremos en avión aita, si yo quiero volar otra vez.- Cualquier situación Noa la transforma en aventura  en esa inquietud infantil que le hace brillar de forma especial.

-            No chicos, subiremos al piso 45 de un edificio y desde allí disfrutaremos de las vistas.

Las alturas pueden proporcionar unas vistas impresionantes. En el piso 45 del edificio del gobierno hay un mirador al que puedes acceder de forma gratuita y disfrutar de las vistas de Tokio.

-          Mira Noa una foquita, que bonita.- Ishi se acercó a una mesa donde un bebe foca nos miraba con lánguidos ojos.

-          Oohhhh! Que suave, pero si se mueve, que susto, yo quiero una.- Noa al acariciar la foca percibió su movimiento.

En el edificio mostraban como habían ideado robots terapéuticos adoptando formas  de cachorros de animal, con el fin de proporcionar efectos fisiológicos, psicológicos y sociológicos en pacientes, niños y ancianos a través de un contacto físico con el.

Nos costó salir de la zona, algo inevitable no dejaba que nos fuéramos, el contacto con el bebe foca era de lo mas tierno y placido.

Tokio es una ciudad inmensa, los edificios en su eterna fortaleza a prueba de terremotos, las calles en sus encrucijadas, los rascacielos, los pulmones en ese tono verde dando un poco de vida a tanto cemento, los transeúntes llenando las calles, las bicicletas en un eterno rodar, los vehículos siguiendo un orden, las luces de los semáforos en un eterno ir y venir… movimiento, ajetreo, sincronismo. El monte Fuji se observaba a lo lejos en su grandeza, la ciudad latía en un ritmo propio, constante, una ciudad, un tipo de ciudadano, un ciudadano que normalmente ama el lugar que habita y lo hace suyo, una ciudad que protege, que acuna, crece y envejece al mismo ritmo que los seres que la habitan, que sufre transformaciones en cada desarrollo. Una ciudad emergente, acelerada, adornada en sus luces de neón, los templos escondidos que aportan esencias del pasado, que purifican espiritualmente ese stress enloquecido. Una ciudad, una cultura, un ciudadano, los japoneses de Tokio.

Un Japón urbano lleno de tradiciones

El barrio de Asakusa es uno de los barrios más tradicionales de Tokio. Calles estrechas, casas bajas, construcciones tradicionales. Su vecindario contiene historia, donde el comercio turístico se desencadena a pocos metros de un conocido templo budista Sensōji, donde nos encontramos con la diosa Kannon, la divinidad de la misericordia. Antes de entrar al templo nos llamó la atención el fluir de las personas que se dirigían a un

gran incensiario donde los japoneses realizaban un ritual con incienso, sus manos oscilaban en círculos atrayendo el humo hacia sus cuerpos, que se desprendía de las tres varitas “presente, pasado y futuro”. Moviendo las manos y purificándose mediante ese humo blanquecino, lavando sus caras y sus cuerpos en búsqueda de mejorar los males que padecen.

         – Que perrito mas bonito, puedo tocarlo.- Noa se enamoró de un perro que permanecía sentado en las escaleras del templo.

         – Por supuesto, ¿como te llamas?.- Entablamos conversación con el dueño del perro, contándole anécdotas de nuestra llegada a Japón, nos regaló un dragón con cascabel explicándonos que nos protegería durante el resto del viaje, el 2012 es el año del dragón.

En el barrio se palpa ese ritmo desenfrenado propio de la ciudad y sus habitantes, y desprende magia en sus contrastes, religión, budismo, comercio, consumismo, pasión por descubrir el valor esencial, misterio en sus tradiciones ancestrales,  geishas enfundadas en sus trajes, caminando a pequeños pasos, hombres con corbata acelerados, un hombre de negocios tirado en el suelo, probablemente ausente tras intentar olvidar sus demonios mojados en el alcohol, una boda, un novio y una novia luciendo kimono en su “rickshaw”, saliendo del templo. Nos sentamos en las escaleras tras saludar a la diosa, tratando de descubrir como se vive en esa parte del mundo donde cada detalle nos asombraba, Marte, Júpiter, Saturno, Japón.

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4 respuestas a Tokio, hacia el país del sol naciente

  1. Mis queridos amigos es impresionante leer sus relatos, me alegra mucho que sigan su viaje lleno de aventuras y magia, y además ver como Ishi y Noa siguen creciendo en medio de tanto por conocer. Estoy seguro que el futuro será muy rico para ellos en cultura, experiencia y conocimientos, saludos desde Chiapas, Mexico

    • Querido Santiago,
      Que grato saber de vosotros, lo pasamos en grande en México. Es una gozada ver como Noa e Ishi van experimentando nuevas vivencias, saboreando culturas diferentes y adaptándose al ritmo en familia.
      Un abrazo a tu padre, a Bea y a toda tu familia Cubana y Chiapaneca.

  2. Ester dijo:

    GUAUUUUUUUUUU! que cambio de Argentina a Japon… como disfruto siguiendo vuestro viaje… y si es cierto Ishi y Noa están CRECIENDO en el amplio sentido de la palabra… que experiencia mas bonita… Noa al final le has pillado el truco a comer con palillos? parece difícil no?…
    Seguir haciéndonos disfrutar con vuestras vivencias mucha suerte en el camino. Un fuerte abrazo .

    • Si guaaauu, mil gracias Esther!
      La verdad es que ha sido un gran contraste, ya estábamos tan acostumbrados a lidiar con el sabor latino que nos hemos tenido que acostumbrar poco a poco a esta locura asiática. Noa e Ishi están tremendos, y es increíble lo rápido que se adaptan. A pesar de que sobretodo a ishi le este costando el echo de no poder comunicarse en su lengua.
      Bueno amiga, un abrazo desde tierras asiáticas.

      PD: Noa se va defendiendo

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