Takamatsu, la vida es bella

Seria la primera vez que conviviríamos con una familia japonesa desde nuestra llegada a este bello país que nos tiene del todo desconcertados. Su delicadeza con los niños, su calidez en el trato, el poder compartir estos días junto con esta encantadora familia hace de nuestra estancia en Japón todavía más enriquecedora.

De nuevo os hago memoria de nuestro paso por Los Angeles,  Patti y su familia con quien estuvimos en Los Ángeles habían pensado rencontrarnos en algún lugar durante sus vacaciones, pero finalmente decidieron visitar Japón mientras nosotros todavía estábamos en Argentina. No pudimos coincidir, pero teníamos noticias de primera mano sobre varias posibilidades, así que nos pusimos en contacto con ella para que nos aconsejaran sobre como organizar nuestra estancia en Japón, y su respuesta fue:

Queridos amigos:
Japón es un país increíble, ya lo veréis vosotros mismos. Como única recomendación que os hago  y que no podéis perder, es el convivir con  Yoshi y su familia en Takamatsu. Más noticias mas adelante.
Un gran abrazo.
                                                     Patti, Garry & Shea

Por supuesto no llegaron mas noticias, pero tomamos al pie de la letra su consejo. Dejamos las maletas en las escaleras de la estación de Takamatsu, sentados observábamos  una gran pantalla en la que se alternaban anuncios sobre diferentes productos japoneses. Hasta los anuncios te seducen por lo novedoso y divertido, todo nos parecía de lo mas cómico, el sonido del lenguaje incomprensible para el extranjero, los rasgos de los dibujos, la manera de expresar, la infinidad de luces y colorido, esas líneas con formas redondeadas que enlazadas unas con otras crean un vocabulario que mas que letras parecen arte, y un sinfín de puntos suspensivos que no acabaría de redactar.

Un hombre en un alegre caminar, pelo corto y una despoblada perilla venia directo hacia nosotros, una niña pequeña andaba con pequeños pasos cogida de su mano. Yoshi y Minori de tres años nos vinieron a recoger a la estación, Aya, su esposa y Yoshia, su hijo de un año nos esperaban fuera subidos a una bicicleta para saludarnos y darnos la bienvenida.

–          “Konichiwa”, hello, hola, bienvenidos.

Tempo de baños

En Japón, cada momento tiene sus tempos, en un orden imposible de copiar para uno que no esta habituado, pero fácil de seguir si alguien te marca el compas y te hace de guía. Y así paso durante esos días que convivimos en esa hermosa armonía creada por esta familia japonesa.

–          What do you want to do for the bath time? Use our bath or if you want you can go to the public bath? And before dining or after dining? It is good for you that the children eat first.”Arigato” gracias– Aya pregunto con el fin de organizarse.

–          What do you prefer that we do?.- Pero, por supuesto, no obtuve respuesta, seria poco respetuoso decirme lo que tenemos que hacer.

Así que decidimos ir a los baños públicos, como experiencia y para no molestar, pues al haber llegado por la tarde, se iba acercando la hora de preparar cenas, toda la familia ……. También tendrían que bañarse y siendo ocho en la casa seria mejor que nuestra familia diese un paseo hasta el baño publico.

La experiencia fue espectacular.  En Japón, el uso de la bicicleta es fundamental, ya me gustaría que en España se pudiese utilizar tanto como aquí, , el carril bici se comparte con el ciudadano de a pie, y si no sabes en que dirección circula el peatón y en cual el vehículo de dos ruedas constantemente te cruzaras en su camino. Ahí nos tenéis siguiendo a Yoshi hacia el baño público.

–          Guau que chulada ir en bici, eeehhh! papis.- Ishi iba como loco dándole a los pedales.

–          Mami, yo también quiero ir en bici, no quiero ir sentada en esta sillita de bebe.- Noa protestaba sentada en la sillita de la bici que yo conducía.

–          Noa, no puede ser, sabes ir en bici pero no lo suficiente como para conducir entre los coches.- Intentaba hacerle comprender porque ella era la única que no tenía su propia bicicleta.

                                                                     Desnudos en Japón
La primera vez que fui a un baño público en Japón me quede impresionado. Separaban a hombres y a las mujeres, así que mami y Noa fueron a otro vestuario y a otro lugar, pero nos podíamos escuchar entre el chapoteo. Lo que a mi me sorprendió es que todos los hombres estaban desnudos. Yo y todos nos duchábamos juntos con una toalla muy pequeñaja nos frotábamos el cuerpo y algunos hombres se tapaban sus partes. A mi me daba un poco de vergüenza, pero al final no. Después de un baño relajante nos metimos en el jacuzzi. Pero a mi cada 6,7 u 8 minutos me mareaba y me duchaba otra vez pero con agua muy fría, así me podía volver a meter otra vez en el jacuzzi.
                                                                                   Ishi

Quien vaya a Japón y no pruebe los baños públicos, se pierde algo muy especial. Los baños a los que fuimos, los ambientes masculinos y femeninos están separados por un muro de forma que no te ves, pero te escuchas. Te descalzas a la entrada, imprescindible llevar una toallita con la que restregarse. Te desnudas dejando tu ropa en una pequeña taquilla. El vaho inunda la estancia. En primer lugar, tienes que sentarte en unas pequeñas banquetas, cada cual tiene un grifo con su correspondiente ducha, y dale que te dale a frotarte con jabón, restregarte y volver a frotar, hasta que tu piel quede de lo más exfoliada. Es una sensación de lo más agradable sentir como tu hija va bañándote como a un niño, cosquillas, risas, agua, nuevas aventuras. ¡Como no!, Noa quería tomar la batuta, y no dejó de participar tras haber visto como su mama le había dado un buen baño. Una vez tu cuerpo brilla como el diamante más puro, te espera una gran bañera llena de un agua extremadamente caliente. Por suerte, una mujer se apiado de mí al ver mi cara de asombro, pues una niña de unos 7 años disfrutaba de la misma agua como si nada y me explicó de la existencia de un grifo de agua fría con la que regular la temperatura. En fin, me alegre al comprobar que Noa dio un grito al meter su piececillo, parece ser que estamos hechas de la misma pasta.

–          Mami, esto esta que arde, pero esa pobre niña se va a quemar, mira que cara mas rojita tiene.– Noa expresaba exactamente mis pensamientos, pero la niña estaba feliz y su mama no parecía en absoluto preocupada.

Una vez tu cuerpo se habitúa, consigues llegar al relax. Al otro lado escuchaba la vocecita de Ishi conversando con su aita.

–          Aita pero estos hombre están todo desnudos, y que testículos mas grandes, pero que hacen con la toalla, se van a despellejar y esta señora que hace aquí, que me va a ver.- Ishi vergonzoso miraba desconcertado la desnudez de los hombres frotando sus cuerpos de forma enérgica con su toalla. La señora al cargo del baño entraba y salía de ambos vestuarios organizando las áreas.

–       Chico, tranquilo, que tienes tu que no tengan ellos.-Le contestaba Ángel divertido.

 Intercambiando sabores, exquisiteces compartidas

Aya cocina sabroso, en un sinfín de recetas, entre los cuatro hacen una gran familia, Yoshia le sigue allá donde va, gateando, arrastrándose o a pequeños pasitos si logra conseguir un punto de apoyo. Minori con su dulzura y sus alegres sonrisas, Yoshi con su presencia siempre pendiente de cada detalle.

–          Aita ven a ver esto, el papa de Minori a encendido un soplete y esta cocinando unos pescados que ha insertado en unos pinchos, caray cocinan como en un restaurante, y no sabéis la cena que tenéis, hace un olor exquisito.- Ishi estaba exultante y se relamía a pesar de haber cenado.

Los niños cenaban primero en la cocina, los platitos, los palillos, el te que siempre acompaña, ya te informa que  la cultura es totalmente diferente a la que perteneces. Mas tarde las dos parejas cenamos en el salón, en una mesa bajita, sentados en unas sillas sin patas adosadas al suelo. Los platillos en sus diferentes especialidades se suceden entrelazando sabores, platos fríos y calientes, vegetales, carnes, huevo y pescados, crudos o asados, entre tofu, arroz y salsas. Una cortina separa otro ambiente, las risitas de Noa y Minori se escuchan traviesas, sabiendo que es hora de dormir, pero queriendo que el día no terminase nunca.  Ishi protestaba queriendo participar o bien con los papis o bien con las niñas, sin saber donde ubicarse, era tarde y sabía que tocaba irse a la cama. Finalmente se durmieron y nuestros sentidos se despiertan en una exquisita ceremonia, donde la conversación fluye entre un batiburrillo idiomático, el inglés en su mejor o peor versión, el español y el japonés.

Tempo Udon shop

Yoshi y su familia hicieron que los días que pasamos junto a ellos transcurriesen deliciosamente. Nos levantábamos temprano y Yoshi ya tenia un plan para pasar el día, normalmente, la dulce Minori seguía nuestros pasos y los de su polifacético padre. La furgoneta se ponía en marcha y a primera hora desayunábamos en un restaurante de udón.

El udón es un tipo de fideo de harina grueso de unos 2 o 3 cm de diámetro y extremadamente largo, que se sirve en sopa de miso, dashi, salsa de soja y mirin. Se acompañan de diversos manjares, tempura, huevo, calamar, pescadito, algo que realmente hace de lo más feliz al paladar. Fue importado a Japón desde China en el S VI. No se si habéis visto la película Kungfu Panda, pero este tipo de restaurantes me recordaba mucho al tipo de negocio que el padre de Po regentaba y cuya receta guardaba un sabroso secreto, escondido y transmitido de generación a generación.

El olor, sabor y la magia de los largos fideos suspendidos en la sopa y acompañados de un sabroso tempura nos seguían a lo largo del día. Era increíble, la maestría con que la pequeña Minori utilizaba sus palillos. Varios días desayunamos en este simpático restaurante, donde su gente te hace sentir uno más. Tras ello y con nuestras barrigas de lo más alegres nos dirigimos hacia el parque de bomberos donde una gran exhibición sobre diferentes tipos de catástrofes naturales nos estaba esperando para sorprendernos gratamente. Apagamos un fuego, aprendimos a utilizar un extintor, sentimos lo que es estar sentados en una mesa mientras un terremoto de fuerza 9 en la escala Richter, sucede bajo nuestro pies, tuvimos que localizar la salida de un edificio que estaba lleno de humo, y la encontramos, y un tifón de 120 km por hora, hizo que el cabello y nuestras ropas se zarandeasen a su son. Finalmente nos despedimos del equipo que tan buen rato nos había hecho pasar, disfrazando a los niños de bomberos.

–          Mira mami, se  vuela la camiseta, no dejes de sujetarme vale.- Noa no las tenia todas consigo cuando el viento empezó a soplar.

–          No te preocupes cariño es solo una demostración.-  Al oir mi voz se tranquilizó, disfrutando del momento.

Seguimos la ruta planeada por Yoshi, llegando a Negoro-ji, un conjunto de templos de la Shingong (palabra verdadera), secta del budismo. La vista es hermosa al pasar por la puerta, los arboles te ofrecen bellos colores impregnándote de una energía especial que sientes fluir en cada rincón.

Antaño los peregrinos recorrían los templos de una ruta sagrada, la ruta a pesar de lo accidentada que pueda ser todavía hoy en día se recorre. Sus 200 km de peregrinaje recorre 88 templos  repartidos por toda la isla, de los cuales Negoro-ji es el numero 82.

En el templo nos encontramos varios grupos, sobre todo ancianos, de peregrinos.

–          Me han dado tres palitos de incienso Ishi, mira esa señora, los tiene guardados en esa cajita, corre pídeles también.- Noa estaba embelesada con la señora del gorrito de paja que le había regalado incienso.

El camino sigue los pasos que el maestro budista Kukai, en el SX recorrió encontrando la pureza que buscaba. La tradición me recordaba irremediablemente a nuestro querido Camino de Santiago, quizás albergando otras creencias religiosas, pero al fin y al cabo en el mismo estado de sintonía con el universo.  Los templos desinteresadamente suelen acoger a los viajeros que peregrinan en su búsqueda espiritual por los caminos más inaccesibles de esta isla montañosa. Les vimos pasear a nuestra vera, al ritmo de sus sutras budistas, hermosas figuras enfundadas en sus trajes blancos, agrupándose en sus cantos, con un sombrero en forma de cono, encendiendo el incienso en sus tres estados, “presente, pasado y futuro”, los incensiarios se llenaban con las peticiones de estas almas. La figuras budistas se asomaban en cada esquina, descubriendo secretos escondidos, la reflexión, los canticos grupales te estremecían y culminan en un aurea especial.

Yoshia tenia que trabajar, así que de regresó a casa, nos dejó en la puerta del Jardín Japonés Ritsurin, pasando varias horas. Una vez mas los jardines japoneses nos embriagaron con su belleza y tranquilidad. El día transcurría lleno de sorpresas, las relaciones humanas nunca dejan de fascinarte, nos sentíamos tan a gusto con esta nueva familia. Realmente en un inicio del viaje al pensar en convivir con familias muy diversas y en ese continuo cambio y movimiento que supone un viaje como el nuestro, nos hacia dudar a veces de si seria posible mantener una convivencia tan variada durante todo nuestro recorrido. Por supuesto, que a veces precisamos de momentos únicamente para nosotros cuatro, pero también es verdad de que uno de los pilares del viaje son las relaciones que establecemos en nuestro camino. Y te das cuenta que a veces el tiempo compartido que transcurre entre las personas es indiferente, si la intensidad, el equilibrio y la armonía se transmite en la relación que se establece.

Y por la noche, tempo de cocina española

A pesar de que a veces nos sigue costando acostumbrarnos a cocinas dispares, donde no sabes muy bien donde esta cada cosa, el vivir en casas diferentes te hace profundizar en ese sexto sentido con el que intuyes donde están los utensilios de cocina, únicamente pensando en como los nuevos amigos organizarían su cocina. Y curiosamente funciona, no sabes exactamente como, pero todo lo vas encontrando a medida que los ingredientes, los condimentos y el material de cocina va siendo necesario.

Esa noche era nuestro turno de cocina, y claro tras tremendas exquisiteces saboreadas la noche anterior, teníamos que pensar con especial atención que menú podríamos cocinar para acercarles y poderles mostrar en un bocado, un cachito de España. El listón estaba muy alto, como os he dicho, la noche anterior nos habían deleitado en cada preparación, presentación y sabor de cada uno de sus platos.  Finalmente  y tras un importante jaleo en la cocina, conseguimos que todo estuviese preparado en el tiempo adecuado, surgiendo mágicamente un puré de finas y frescas verduras, una esponjosa tortilla de patatas y como plato fuerte unas redondas y jugosas albóndigas en salsa de tomate. De nuevo, compartiendo y disfrutando de una agradable cena conversando con  Aya y Yoshi. Los niños ya en los brazos de Morpheo, las conversaciones a veces un poco suigeneris, inquietantes, intensas, llenas de ambigüedad entre culturas, sin tener claro si nos hacemos entender del todo, en un constante lenguaje corporal, entre risas  se nos hacen las tantas de la noche.

Tempo de diversión y relax

La furgoneta de Yoshi nos llevaba a los lugares más recónditos y especiales. Desayunamos de nuevo en el udon restaurante, es curioso como te acostumbras a los cambios, no me hubiese imaginado hace un tiempo el desayunar a base de fideos inundados de esa jugosa sopa de miso y acompañado de piezas de tempura.  Yoshi se había cogido el día libre, este hombre era una caja de sorpresas, tierno con Minori, siempre de la mano de su idolatrado papa.

Al arrancar la furgoneta, tras el desayuno no sabíamos todavía sus planes, únicamente sabíamos que pasaríamos el día fuera. Aparcamos en Kagawa Children´s Park, situado al costado del aeropuerto de Takamatsu.

–          Caray cuantos niños vestidos de uniforme.- Ishi observaba las filas de niños con sus trajes colegiales y sus gorras de diferentes colores haciendo fila mientras las profesoras pasaban lista.

El espacio esta dedicado al ocio y al aprendizaje científico, en relación a la ciencia aeronáutica, aviación, locomotoras, música… cada planta muestra una serie de actividades con las que los niños pueden aprender jugando. Las actividades y manualidades a realizar eran numerosas y la mañana pasó casi sin darnos cuenta.

Al salir, nuestros estómagos empezaban a quejarse, Yoshi nos llevó a un “Kaitensushi” restaurante de sushi giratorio, donde los platos de sushi corrían variados. Ya los conocíamos de España pero la tecnología en Japón como siempre daba un toque diferente. Una pantalla táctil enviaba la orden a la cocina y te llegaba en pocos minutos a tu mesa a través de otra línea mas elevada, había un agujero por donde echar los platillos ya consumidos, sorprendentemente cada 5 platos, aparecía una animación de dibujos en la pantalla de elección del menú, y cada no se cuantos platos más, te tocaba un premio y salía una bolita por otro orificio con un souvenir. Si cualquier adulto estaría asombrado, imaginaros las caras de fascinación de los niños.

Finalmente la excursión nos llevó a unas “hot springs”, donde nuestros cuerpos se relajaron tras un completo baño. ¡Que agradable sensación!, frotar, enjabonar, meterse en el agua cálida, ya nada te sorprendía como la primera vez, pero realmente te hace pensar en adaptar estas costumbres al regreso a nuestro hogar. Como siempre nos esperaba una sabrosa cena japonesa “okonomiyaki”, algo así como una tortilla de vegetales que había preparado Aya, junto con algún que otro sabroso platillo. Nuestra última cena en Takamatsu. Esta vez había una sorpresa para los niños, salimos a tirar unos petardos y encendimos unas bengalas que iluminaron la negra noche de luz y de risas infantiles.

Entre Homescholing y despedidas

Nuestro paso por Takamatsu coincidía con el fin del curso escolar en España. Hacer “homescholing” sigue siendo una de los continuos del viaje donde se hace complicado el conseguir un ritmo, unas semanas conseguimos establecer ciertas pautas, las siguientes las perdemos, así que va siendo una montaña rusa con sus días buenos  en los que llegas a pensar que gozada y sus días malos en los que retomar un simple problema consigue provocar la discusión mas absurda. El último día en la casa de Yoshi fue uno de los días malos en los que me llegué a plantear si realmente es tan necesario llevar adelante todo el ciclo escolar o bien ya se pondrá al día cuando regresemos a España. Pues lo que esta claro es que lo que el viaje les aporta no lo obtendrán en ningún colegio del mundo.

Mientras Ishi se quedó haciendo deberes, el resto de la familia salió en busca de un pequeño detalle para la dulce Minori y el buenazo de Yoshia. No siempre es posible, pero intentamos dejar algún detalle a cada familia con las que convivimos. Pero ¿que es un detalle?, no tiene que ser un regalo, a veces es un ramo de flores, recogido por el camino, una carta agradeciendo todos esos pequeños ratos compartidos, una tortilla de patata, recoger mínimamente la casa, un dibujo de los niños, no se, depende del tiempo de que disponemos, de la inspiración del momento. En su caso teníamos claro que lo importante para Yoshi y Aya son indiscutiblemente sus hijos, así que les dejamos un pequeño detalle tanto a Minori como a Yoshia con el cual agradecer toda la ternura que nos han aportado en estos días.

Al llegar de nuevo a la casa, Yoshi ya se había ido a trabajar ¡ummm! que pena, no sabíamos que no nos podríamos despedir de él. Estaban solo Aya y los niños, las maletas de nuevo nos esperaban, les dimos su pequeño regalo, como todos niños del mundo sus ojos brillaban al desenvolver el papel. Un beso, un abrazo y un hasta otra.

–          Heyy, heyyy, see you later, big hug.- De la puerta de un hotel salió vestido de botones el sorprendente Yoshia, alzando su mano en alto de un lado a otro.

–          “Sayônara, matane, dômo “adiós, hasta luego, gracias”.- El podernos despedir de este dulce y carismático Japonés nos iluminó de nuevo el rostro.

A las 13:00 tomábamos el bus destino a Osaka.

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2 respuestas a Takamatsu, la vida es bella

  1. Ester dijo:

    Ishi lo me he reído con el comentario de los baños publicos…je,je a si que los Japoneses son huevones? eh?…

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