Sosegándonos entre dunas y playas vírgenes

Las relaciones que establecemos en cada lugar normalmente tienen duende, ese duende del que tanto sabe la raza gitana y que tan bien se describe y puedes sentir desde el flamenco. Una esencia especial, que se desprende desde el primer momento en que te conoces, hasta el último segundo en que te despides, y no sabes cuando tus caminos volverán a cruzarse.

Una de las experiencias que enfatizaría del viaje, seria precisamente la facilidad con que puedes entablar relaciones con personas de lo mas dispar, que quizás en otras circunstancias te seria mucho mas difícil de acceder, o bien por otros motivos no pensarías ni por un segundo en tener la oportunidad de conocer. De esta forma el movimiento comporta conocer otros ambientes, otras ciudades, culturas, sabores y personas que conllevan relatos y experiencias especiales.

Supongo recordareis a José Luis, el director del hotel en el que estuvimos en México, un gallego encantador, con el que a pesar de la brevedad de la que pudimos disfrutar en su compañía, hicimos buenas migas y en todo momento ha estado abierto a ayudarnos en el viaje en todo lo posible dentro de lo que esta en su mano. Salíamos de Bolivia de nuevo con esa sensación de que necesitábamos una semana de parón. Cuando vas avanzando en el camino, todo es movimiento, todo es cambiante, todo va fluyendo, sin darte cuenta has recorrido ciudades, pueblos, países, los paisajes van recreando diferentes lugares, cada lugar con su nombre, con sus características, con su gente. “Las alarmas” vuelven a despertarte y te das cuenta de que te gustaría detenerte por un momento en este mundo, moderar ese continuo avance, sosegar ese instinto que te sugiere frenar y saborear de nuevo los nuevos senderos que nos esperan en el trayecto.

Nos pusimos en contacto con José Luis, ya casi llegando a Brasil. Él estaba de viaje en Jamaica por trabajo y  los emails que nos intercambiábamos iban danzando a 1000 por hora. No teníamos nada que perder, el mensaje era sencillo y directo, “Saludos, como va todo, nosotros cansados de tanto movimiento, necesitamos un parón”. Justo antes de salir de Bolivia, en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, donde tomaríamos el avión hacia Brasil, recibimos su respuesta.

 José Luis de nuevo en su generosidad nos abrió sus puertas. Nos volvió a acompañar la buena fortuna y gracias a su implicación en nuestro viaje, en el proyecto Educaction y sobretodo en nuestra familia, pudimos de nuevo descansar unos días en el  Grand Palladium Imbassaí Resort & Spa de Salvador de Bahia. De nuevo allí, conocimos a Luis, el director del Hotel, también gallego, a quien agradecimos de nuevo la amabilidad y deferencia para con nosotros, y con el que apenas pudimos disfrutar de una media, tomando un café. A nuestros hijos siempre les digo que el mundo esta lleno de sorpresas, que las personas son parte de ellas y las hacen posibles, y es precisamente en ese intercambio, en las circunstancias más curiosas, donde el ser humano puede sorprenderte en sus infinitas respuestas.

Grand Palladium Imbassaí Resort & Spa, Salvador de Bahía

Y llegamos a Brasil, un país donde el portugués se escucha con un ritmo melódico, yo hablaría mas bien de “Brasileiro”, pues tiene un son mucho más suave. Un país justificadamente conocido por su riqueza paisajística, su belleza amazónica, el carnaval en sus fiestas, sus bailes, su música, las playas de Copacabana e Ipanema, ese futbol tan especial, donde el balón parece danzar junto a sus jugadores en ese toque mágico, su diversidad multicultural, en fin uno de los países más importantes y significativos en esta lado del mundo.

El complejo al que estábamos invitados es precioso, se encuentra dentro de la Reserva Natural de Imbassai, muy cerca del pueblo de Praia do Forte, frente al mar de la “Costa dos Coqueiros” y es hogar del río que le da su nombre. Los ambientes que lo rodean tiene unos paisajes increíbles, las dunas, las playas vírgenes, las zonas protegidas, el bello entorno natural de bosques de cocoteros y los ríos que forman la costa “Green Line” de la región lo convierten en un lugar de lo mas especial. Esta vez, nuestro cámara particular se declaro en huelga, ya le tocaba también, pues a pesar de que Ángel disfruta como un niño persiguiendo y captando los momentos a través de su objetivo, a veces se abstrae tanto que desaparece en un mundo diferente que tan solo el conoce. Mientras, nosotros, su familia, seguimos nuestra propia fiesta. Probablemente ya os habréis dado cuenta que en la mayoría de las fotos, él es el gran ausente, pero por supuesto es quien esta detrás de esa maravillosa cámara que nos acompaña y a la que siempre ves colgada a su cuello. Cuando me animo y consigo lanzarme a fotografiar se nota como ni el enfoque, ni el resultado tiene tanta fuerza, por supuesto yo no poseo su misma destreza. Así que esta vez nos tendréis que perdonar que la exposición de nuestro paso por esta belleza de lugar no disponga de muchas fotografías que poder mostraros.

Buscando a Lilica

Durante todos esos días, los niños se mantenían gran parte del día desaparecidos. En el hotel funcionaba a las mil maravillas la animación. El equipo proponía diferentes actividades durante todo el día, así que en el ambiente siempre existía algún lugar donde la música y el baile brasileiro lucían fervientes.

–          Ángel donde están los niños?, hace rato que no se nada de ellos.- Preguntaba estirada en una de las escaleras de la piscina, manteniendo medio cuerpo dentro medio tostándose, una mano sobre mi cintura, la otra sosteniendo un sabroso batido de frutas tropicales.

–          No se, la verdad, la ultima vez que les vi me explicaron que esta noche tendrían que ir en busca de una bruixa llamada Lilica.- Ángel del todo relajado, observaba como bailaban en el agua un grupo de turistas recién llegados.

Era inevitable, Brasil con esa encantadora dulzura al hablar, el baile, el lugar, las piscinas, ese mar azul, las playas de arena blanca, la exquisitez gastronómica en la variedad de restaurantes ‘a la carte‘, buffets y bares, e infinitas opciones de diversión…… nuestro cansancio fue desapareciendo, nuestro sistema de alarma se difuminó hasta hacerse invisible, nuestras ganas de continuar el viaje se iban renovando, y poco a poco a medida que la semana tocaba a su fin estábamos preparados  para continuar nuestra ruta.

Unas manitas tocaron mi panza, Noa se reía, sumergiéndose y soltando chorritos de agua entre sus labios. Ishi le seguía de cerca, preguntándome si podía ir en bicicleta por el camino que le llevaba a la playa, y que si más tarde podría cenar con los de su club para ir en busca de Lilica. Realmente habían desaparecido, el grupo que se ocupaba de las actividades infantiles conquistaron a nuestros hijos desde el primer día. A primera hora con la infinidad de actividades deportivas, a segunda con las de agua y al anochecer con sus actuaciones en directo. Como todas las noches, las estrellas eran parte del espectáculo, un grupo de 12 buscaba a una bruixa, la excitación de los niños era exquisita, en ese entusiasmo, fascinación, inocencia, buscando a ese ser embrujado, recorriendo los pasillos, los jardines alrededor de la piscina, preguntando en portugués a cada paso.

–          Señor por favor, han visto pasar una bruixa por aquí.- Preguntaban el grupo de niños.

–          No no, no quisiera, que miedo, por aquí no la he visto pasar.- Los transeúntes primero asombrados por la pregunta, luego tras algún guiño de ojos contestaban cada cual a su libre albedrio, imaginación al poder.

Y si finalmente dieron con un cuerpo estirado en unas escaleras cerca de la piscina, vestido de negro, con unas medias lilas, la cara bien blanca y los labios oscuros. Noa se aferro a mi, estaba aterrada, Ishi y los niños mas grandes se reían a carcajadas, intentando tocarla pero sin llegar a atreverse en un quiero y no puedo.

–          Un besito, quien me da un besito y yo le doy un caramelo….un besitoooo.- La bruja Lilica pedía besos a cambio de caramelos sosteniendo su sombrero, realmente entendía que Noa estuviese tan aferrada a mi cuello.

–          No, no, mami, yo no le voy a dar ningún beso, paso de los caramelos.- Ishi tampoco se atrevía, el disfraz estaba muy bien logrado.

–          Ishiiiii, Ishiiii, buaaaaa, dame un besito, un besito aquí en mi piquito, muaaaaa, muaaaaa.- La bruixa insistía, moviendo sus labios y haciendo morritos.

Que creéis, ¿consiguió finalmente Lilica algún beso de su estupefacto grupo de seguidores?

Retomando buenos hábitos entre clases de Capoeira

Durante esa semana me di cuenta de nuevo de lo importante que es de manera asidua practicar deporte. Este siempre ha sido un pilar en mi vida. Mi padre es un gran deportista y nos ha inculcado desde niños a mí y al resto de mis hermanos ese gusanillo que una vez amado es muy difícil de olvidar. Amo el deporte y lo que conlleva, lo que te enseña, los valores añadidos que te cambian y te ayudan a valorarlo todo desde diferentes perspectivas. No solo es ese sentimiento de bienestar que te invade al correr, nadar, la diversión que te aporta el jugar en equipo, no solo es observar como tu cuerpo físicamente va fortaleciéndose,  sino el observar como tu mente se despeja al tensarse o relajarse tu musculatura, al inspirar y expirar lo que parece preocupar desaparece, en esa serenidad que solo al correr, nadar, danzar… y dejarte llevar puedes llegar a sentir. Cada día íbamos a correr a la orilla del mar, o bien disfrutábamos de las instalaciones del gimnasio en sus respectivas modalidades. Incluso varios de los días nos apuntamos a una clase de capoeira, una forma de arte brasileña donde la expresión corporal se combina entre las artes marciales, la música y el deporte. Yo no sé que demonios fue lo que hice imitando a ese simpático entrenador brasileño en cada uno de sus movimientos, a cada cual mas gráciles, pero lo que os aseguro es que en las horas siguientes tenia agujetas en cada parte de mi cuerpo. Por ello, al día siguiente nos dedicamos únicamente a recorrer el SPA, la sauna, la piscina de burbujas y cascadas de agua, las piscinitas en sus diferentes temperaturas, el pediluvio, el baño de vapor… todo un lugar de ensueño.

Mil gracias de nuevo José Luis, Luis y todos los compañeros que hicieron posible cargar de nuevo las pilas.

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Una respuesta a Sosegándonos entre dunas y playas vírgenes

  1. Marc dijo:

    Hola familia!!! Qué bien estos “descansos” que hacéis. Disfrutar de la aventura y no paréis de escribir que se os echa de menos!! Un abrazo muy grande!

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